miércoles, 16 de abril de 2014

Biografía de la joven revolucionaria Liu Ju-Lan

Liu Ju-Lan, oriunda de Yunchousi, distrito de Wenshui, provincia de Shansí, nació y creció en época de guerra. Bajo la dirección del Partido y cultivada en el pensamiento de Mao Tsetung, se forjó hasta convertirse en una sobresaliente combatiente de vanguardia del proletariado. Frente al enemigo era heróica e indomable, y con espíritu incorrupto e inflexible derramó su sangre por los intereses del Partido y el pueblo, mostrando con ello las nobles cualidades del comunista.


Vida

En el distrito de Wenshui en la provincia de Shansí, existió una aldea llamada Yunchousi donde antes de la liberación, los campesinos pobres llevaban una vida infrahumana. Durante la guerra Antijaponesa, una unidad del Octavo Ejército, dirigido por el Presidente Mao, llegó al lugar y desde entonces su pueblo se sintió respaldado.

Hacía poco que, bajo la dirección del Partido, el pueblo de Wenshui había establecido el gobierno democrático antijaponés y al nombrado comunista Ku Yung-tien jefe del distrito. Un día, Ku vino a la aldea para difundir las instrucciones del presidente Mao de resistir a los invasores japoneses y salvaguardar la Patria. La pequeña Liu Ju-Lan le hizo mil y una preguntas diferentes y Ku, cariñosamente, les contó algunas hazañas revolucionarias a ella y sus compañeros.

Posteriormente, en Yunchousi se fundaron la célula del Partido, la asociación de campesinos y la liga infantil. Las actividades en favor de la resistencia antijaponesa se desplegaron con rapidez, Liu Ju-lan pedía a los soldados del octavo ejército que vinieran con frecuencia a su aldea, y narraran algunos cuentos. Mientras éstos le hablaban de la Gran Marcha del Ejército Rojo y de los héroes, en ella se fue despertando un gran afecto por el presidente Mao y el anhelo de ser como aquellos titanes y pensaba: "Participaré también en el Octavo Ejército cuando sea mayor."

Liu Ju-lan ingresó en la liga infantil a la tierna edad de 10 años. En aquel entonces, los enemigos llegaban frecuentemente a Yunchousi para hacer "limpiezas". Ju-Lan y su compañera Yui-mei montaban guardia a la entrada de la aldea, fingiendo buscar plantas silvestres comestibles.

Una madrugada en que Lui estaba de ronda, vio que a lo lejos, por el camino que conduce a una fortificación enemiga, los pájaros alzaban el vuelo asustados. Fijó su mirada y descubrió que venían los invasores japoneses. "Debo informar a los cuadros que están reunidos en casa del viejo Tien", pensaba; pero; de súbito apareció a su espalda una persona y preguntó: "¿Donde está la casa de Tien?" Adivinando que se trataba de un espía, respondió: "Allá", Mientras con su dedo apuntaba en dirección contraria.

Tan pronto el espía se alejó, Liu Ju-lan corrió a dar la noticia. Enterados de la proximidad del enemigo los cuadros condujeron con agilidad todos los documentos y se aprestaron a emboscar al invasor. Guiados por el espía, los japoneses llegaron a casa de Tien mas no hallaron a nadie. Esto encolerizó al jefe de los bandidos que se descargó su ira en las mejillas del soplón. De regreso a su madriguera cayeron en la emboscada tendida por los milicianos y fueron aniquilados por las minas.

Conocida la posición del invasor, el Octavo Ejército lo derrotó y liberó la capital distrital. En los festejos por la victoria, Liu Ju-lan junto a sus compañeros de la liga infantil le ofreció una cesta de dátiles al Octavo Ejército. Por fin, en 1945, la Guerra de Resistencia contra el Japón conquistó la victoria. En octubre del mismo año, tomó parte en el cursillo de preparación de cuadros femeninos organizado por el comité distrital. Para ella, su bajo nivel cultural no fue un obstáculo; estudiaba con ahínco todos los días hasta avanzadas horas de la noche.

Los agresores japoneses amontonados en la cabeza distrital perpetraban toda clase de crímenes, con miras a liberarlo, el octavo ejército envió exploradores a las fortificaciones del enemigo. Liu Ju-lan era una de ellos y cumplió su misión.

Liu Ju-lan entregando todo su amor al Partido y a Presidente Mao, tomo la decisión de actuar como auténtica comunista guiada por el ejemplo del jefe Ku. El ambiente de guerra y la enconada lucha de clases cultivaron y probaron a la pequeña liu que fue gloriosamente admirada por el Partido Comunista de China como candidato a miembro.

Ella juró solemnemente ante la bandera del Partido:
 "...nunca me someteré a la dificultades ni a los enemigos, y lucharé toda mi vida por el comunismo".

En mayo de 1946, el Comité Central del partido publicó las instrucciones sobre la reforma agraria, los campesinos se sintieron alegres al saber que se distribuirían las tierras y se daría al traste con el sistema de explotación feudal,

Comenzó por realizar un minucioso trabajo ideológico entre las masas, la aplicación de la reforma agraria impulsó el estusiasmo del pueblo campesino. Los muchachos se incorporaron al grupo y Liu Ju-lan organizó a las mujeres para apoyar al frente.

En 1946, Chiang Kai-shek desató la guerra civil con apoyo del imperialismo yanqui. En cierta ocasión, cuando el Octavo Ejército cercó al enemigo en la aldea Este, Liu Ju-Lan, encabezando un grupo de mujeres, atravesó la zona de fuego de la artillería enemiga para llevar, envuelta en humo de la pólvora, agua, comida y muchas municiones a los soldados y socorrer a los heridos.

La situación se hacía cada día peor; el enemigo venia frecuentemente a la aldea provocando toda clase de disturbios. Liu Ju-Lan, entre tanto, ampliaba los destacamentos milicianos para continuar la lucha armada y de tal manera defender el poder democrático.

Con la traición de Shi Wu-tse, la situación fue empeorando día a día, para seguridad de Liu Ju-Lan, su organización decidió que esta se trasladara de inmediato en compañía de un enlace. A la mañana siguiente, Ju-lan se preparaba para partir mientras su madre le hacía el equipaje. pero de repente los enemigos entraron en la aldea. Y una persona al ritmo del batintín de mano, gritaba convocando a los aldeanos: "Vayan todos al templo del sur para una reunión".

Sitiados como se hallaban, era imposible que alguien saliera de la aldea. Liu Ju-Lan, antes que pensar en su propia seguridad pensó en el Partido... comenzó a quemar los documentos mientras su mamá le pedía que se ocultara en la vecindad, donde una mujer que acababa de dar a luz. Al llegar a su pretendido escondite encontró que otras mujeres también se refugiaban allí. estaba pensando que su presencia comprometía a todas las presentes... cuando oyó de nuevo el batintín, entonces, salió de la casa, caían grandes copos de nieve y el viento soplaba con violencia, los bandidos amenazaban con sus armas a las masas concentradas ante el templo para que estas entregaran a Liu Ju-lan, pero permanecían mudas era una dura prueba, en la mente de Liu Ju-lan resonaron las palabras de su juramento;
"...nunca me someteré..."

Liu Ju-lan puso en manos de su madre las pocas cosas que llevaba consigo y se dispuso a enfrentar con su vida al cobarde enemigo, llegó el momento en que fue detenida, la impavidez ante a las amenazas sacó de quicio a los malvados.

- ¿Acaso eres tan firme como Joven?; si no denuncias a los comunistas te mataremos. ¿O es que no temes a la muerte? 

-¡Como comunista, no temo la muerte!

Fue su firme respuesta.

La inhumana matanza comenzó, fue llevada bajo escolta a la plaza para presenciar con sus propios ojos la digna muerte de seis de sus indomables compañeros revolucionarios en la guillotina, finalmente, los malvados volvieron a preguntarle:

¿Te rindes o no?-sintiendo que las llamas del odio devoraban su corazón, respondió:

-Moriré antes de rendirme; nunca podrán asesinar a todos los comunistas ni apagar el fuego revolucionario.

Liu Ju-lan irguiéndose entonces cual gigante de acero en el lugar de ejecución y preguntó con orgullo e integridad: ¿Cómo debo morir?; Igual que los otros gritó el jefe de la jauría, Liu Ju-lan ordenó sus cabellos y mirando con profundo sentimiento a los aldeanos les dijo: ¡Adiós compatriotas, persistan en la lucha, camaradas! Desdeñando la muerte de Liu Ju-lan pasó al lado de las guillotinas teñidas con sangre de sus compañeros de armas, y levantando su puño de acero gritó; "No estéis tristes compatriotas, el fin del enemigo esta próximo", ¡La victoria nos pertenece! ¡Viva el Partido Comunista de China! ¡Viva el Presidente Mao!.
Diecisiete días después de la muerte de la heroína, el Octavo Ejército liberó de nuevo el distrito de Wenshui, los combatientes volvieron a Yunchousi y fueron al sitio donde Liu Ju-lan y otros seis camaradas ofrendaron sus vidas.

En 1949 China es liberada. Los anhelos de Liu Ju-Lan y demás mártires se hicieron realidad. Poco después de su sacrificio, fue aceptada como miembro efectivo del Partido Comunista de China, a título póstumo, por la organización local del Partido.



El gran líder del pueblo chino el Presidente Mao la elogió:

"Una vida grandiosa, una muerte gloriosa".






El año 1947 vio su lamentable arresto y asesinato. Contaba con sólo 16 años. Aunque su vida fue corta, su espíritu revolucionario es eterno.


Fuente: http://www.ecured.cu/