miércoles, 22 de enero de 2014

Lenin y la emancipación de la mujer

A lo largo de su actuación revolucionario, Lenin escribió y habló mucho en sus discursos sobre la emancipación de la mujer trabajadora, de la obrera y la campesina. Naturalmente, la causa de la emancipación de la mujer está ligada de manera indisoluble con toda la lucha por la causa obrera, con toda la lucha por el socialismo. Conocemos a Lenin como guía de las masas trabajadoras, como organizador del Partido, como organizador del Poder Soviético, lo conocemos como combatiente y como constructor. Cada obrera y cada koljosiana deben conocer toda la labor de Lenin, toda su actividad en su conjunto, y no sólo lo que Lenin dijo sobre la situación de las trabajadoras y sobre su emancipación. Pero precisamente porque existe la vinculación más íntima entre toda la lucha de la clase obrera y el mejoramiento de la situación de la mujer, Vladimir Ilich se detuvo con frecuencia en sus discursos y artículos a examinar esta última cuestión –en sus trabajos hay que más de cuarenta lugares en que emite su juicio sobre este problema-, y cada una de las opiniones guarda la más estrecha relación con lo que inquietaba y preocupaba a Vladimir Ilich en cada momento.

Desde el comienzo mismo de su actividad revolucionaria, Lenin dedicó singular atención a la situación de las obreras y de las campesinas y a la incorporación de la mujer al movimiento obrero. Como se sabe, Vladimir Ilich inició su actividad práctica de revolucionario en Piter (Petersburgo, hoy Leningrado), donde organizó un grupo de socialdemócratas que realizó una gran labor entre los obreros petersburgueses, lanzando octavillas ilegales que eran distribuidas por fábricas y talleres. Las octavillas iban dirigidas por lo general a los obreros. En aquellos tiempos las masas obreras eran todavía poco conscientes, pero la capa más atrasada de la masa obrera estaba constituida por las obreras, a las que los fabricantes pagaban el salario más mísero y cuyos derechos eran pisoteados del modo más brutal. De aquí que, por lo común, las octavillas fuesen dirigidas sólo a los obreros (son una excepción dos octavillas a las cigarreras de la fábrica Lafern). Vladimir Ilich redactó una octavilla para los obreros de la fábrica de paños de Thornton (esto fue en 1895), y aunque las obreras de Thornton figuraban entre las más atrasadas, Vladimir Ilich tituló la octavilla: A los obreros y a las obreras de la fábrica Thornton. Una pequeñes, pero muy significativa.

Encontrándose en la deportación, Vladimir Ilich mantuvo correspondencia en 1899 con la organización del Partido (el I Congreso del Partido se había celebrado en 1898) sobre los temas en torno a los cuales se proponía escribir en la prensa ilegal. Entre los temas citaba un folleto con el título La mujer y la causa obrera. En este folleto, Lenin quería describir la situación de las obreras y de las campesinas y señalar que la única salida para ellas era tomar parte en el movimiento revolucionario. Sólo la victoria de la clase obrera podía emancipar a las obreras y a las campesinas.

Al destacar en 1901 la participación de las obreras en la defensa de la fábrica de Obújov y las palabras pronunciadas ante el tribunal por la joven obrera Yákovleva, Ilich escribía: “El acuerdo de los heroicos camaradas asesinados y torturados en las cárceles decuplicará las energías de los nuevos luchadores y atraerá a miles de auxiliares que acudirán en su ayuda y que, como la joven de dieciocho años Marfa Yákovleva, dirán abiertamente: “¡Estamos con nuestros hermanos!” El Gobierno, además de las medidas represivas de carácter policiaco y militar contra los manifestantes, tiene el propósito de juzgarlos como insurrectos; a esto responderemos uniendo todas las fuerzas revolucionarias, atrayendo a nuestro lado a todos los oprimidos por la arbitrariedad zarista y preparando de manera sistemática la insurrección de todo el pueblo
Vladimir Ilich estudió atentamente la vida y el trabajo de las obreras, las campesinas y las gustares.

Estando recluido en la cárcel, a base de los informes y los datos estadísticos oficiales, estudió la situación de los campesinos, la influencia que ejercían sobre ellos los edificios artesanos, el proceso de incorporación de los campesinos a la industria fabril y el influjo de la fábrica sobre su nivel cultural y su género de vida. Y al mismo tiempo analizó todas estas cuestiones en lo que se refería al trabajo de la mujer. Indicaba cómo la psicología del campesinado derivada del espíritu de propiedad privada hacia que la mujer ejecutase multitud de labores innecesarias y absurdas (cada campesina de una gran familia patriarcal tenía que fregar tan sólo la parte que le correspondía en la mesa común, preparar aparte la comida para su hijo de corta edad y ordeñar aparte para él la leche).

En su libro El desarrollo del capitalismo en Rusia, Lenin describe cómo explotaban los ganaderos el trabajo de la campesina, describe cómo explotaban las mayoristas el trabajo de las artesanas encajeras, describe cómo emancipaba a la mujer la gran industria, cómo bajo la influencia del trabajo en la fábrica se ampliaban los horizontes de la obrera, cómo se iba transformando ésta en una persona más instruida y más independiente y cómo se iba liberando de las trabas de la familia patriarcal. A juicio de Lenin, el desarrollo de la gran industria crearía la base para la plena emancipación de la mujer. En este sentido es característico el artículo de Vladimir Ilich Una victoria de la técnica, escrito en 1913.

Los obreros deben luchar en los países burgueses para conseguir que la mujer tenga los mismos derechos que el hombre.

En el destierro, Lenin meditó el programa del Partido. Entonces el Partido carecía aún de programa. Había un esbozo de programa, redactado por el grupo Emancipación del Trabajo. Examinando este programa en el artículo Proyecto de programa de nuestro Partido, Vladimir Ilich escribía que al punto 9 de la parte práctica del programa, que exigía “la revisión de toda nuestra legislación civil y penal y la abolición de las subdivisiones de los estamentos, así como de los castigos, incompatibles con la dignidad humana”, había que añadir: “establecimiento de la plena igualdad de derechos del hombre y de la mujer” (subrayado por mí. N. K.)

Cuando en 1903 fue aprobado el programa del Partido, se incluyó el punto correspondiente.

En 1907, al informar acerca del Congreso Internacional de Stuttgart, Vladimir Ilich señalaba con
satisfacción que había sido condenada la práctica oportunista de los socialdemócratas austríacos, los cuales comenzaron la lucha en pro de la concesión del derecho al sufragio a los hombres, pero relegaron “para más tarde” la lucha por el voto femenino.

Como se sabe, el Poder Soviético ha concedido a la mujer los mismos derechos que al hombre.

En Rusia no existe el hecho vil, abominable e infame de que la mujer carezca de todos los derechos o disfrute sólo de algunos de ellos, no existe esta indignante supervivencia del régimen de servidumbre y de la Edad Media, supervivencia remozada por la egoísta burguesía… en todos los países del orbe sin excepción alguna” , decía Vladimir Ilich en el cuarto aniversario de la Revolución de Octubre.

Al examinar en 1913 las formas de la democracia burguesa y poner en evidencia la hipocresía de la burguesía, Lenin se detuvo en el problema de la prostitución, mostrando cómo, al mismo tiempo que estimula el comercio con el cuerpo de la mujer y viola en las colonias a las muchachas adolescentes indefensas, la burguesía hace ver hipócritamente que combate la prostitución.

En diciembre de 1919, Vladimir Ilich vuelve a tratar este tema, señalando cómo la Norteamérica “libre y civilizada” organiza en los países vencidos la trata de blancas para las casas de tolerancia.

En estrecha relación con este problema, Vladimir Ilich examina también el de la natalidad y recuerda con indignación las exhortaciones hechas por ciertos intelectuales a los obreros en el sentido de que renuncien a tener hijos, supuestamente condenados a la miseria y a toda clase de calamidades. Este es un punto de vista pequeño burgués, los obreros miran las cosas de otro modo. Los hijos son nuestro futuro. Y en cuanto a la miseria y demás, es cosa reparable. Luchamos contra el capitalismo: obtenida la victoria, crearemos un porvenir luminoso para nuestros hijos

Y por último, cuando en 1916-1917, previniendo la proximidad de la Revolución Socialista y reflexionando acerca de lo que había de ser en esencia la edificación del socialismo y de cómo se debería atraer a las masas a esta edificación, dedica especial atención a la tarea de incorporar a la mujer trabajadora a la labor social, Vladimir Ilich escribe sobre la necesidad de hacer participar a todas las mujeres en las actividades puestas al servicio de la sociedad. Trata de ello en ocho artículos escritos en aquella misma época. Esta cuestión va inseparablemente unida en estos artículos a la que se refiere a la necesidad de organizar de una manera nueva bajo el socialismo toda la vida social. Íntimamente vinculada con esto, Vladimir Ilich plantea la cuestión de promover a las capas femeninas más atrasadas a la administración del Estado, la necesidad de reeducar a las masas en el proceso mismo del trabajo social.

El trabajo social es una escuela de gobierno. “Nosotros no somos utopistas –escribía Lenin en vísperas de la Revolución de Octubre-. Sabemos que cualquier peón y cualquier cocinera no son capaces ahora mismo de ponerse a dirigir el Estado. En eso estamos de acuerdo con los demócratas constitucionalistas, con Breshkóvskaia y con Tsereteli. Pero nos diferenciamos de estos ciudadanos por el hecho de que exigimos que se rompa inmediatamente con el prejuicio de que administrar el Estado, llevar a cabo el trabajo cotidiano de administración, es cosa que sólo pueden hacer los ricos o funcionarios procedentes de familias ricas. Nosotros exigimos que el aprendizaje de la administración del Estado corra a cargo de obreros y soldados conscientes, y que se acometa sin demora, es decir, que se empiece inmediatamente a hacer participar en este aprendizaje a todos los trabajadores, a toda la población pobre."

Sabemos que el Poder Soviético ha hecho todo lo posible para atraer a la administración pública a las campesinas, las koljosianas y las obreras. Conocemos las grandes realizaciones con que contamos en este frente.

Cuando tocó a su fin la guerra civil y se plantearon en primer plano las cuestiones de la construcción pacífica, tanto en las cartas al camarada Stalin como en el saludo a la Conferencia de Secciones femeninas provinciales –durante todo el año 1920- Vladimir Ilich escribía que las mujeres habían de desempeñar un papel de primer orden en la edificación pacífica y que era preciso atraer a todas las mujeres a la labor de la Inspección Obrera y Campesina, el trabajo de control.

Vladimir Ilich saluda calurosamente el despertar de la mujer en el Oriente. Lenin atribuía especial significado al progreso de las nacionalidades aplastadas por el zarismo y el capitalismo. Y se comprende por qué fue tan ferviente su saludo a la Conferencia de representantes de las Secciones femeninas de los pueblos de Oriente, organizadas en las regiones y repúblicas soviéticas.

Al hablar de los resultados del II Congreso de la Internacional Comunista, Lenin señala que “el Congreso ha fortalecido la ligazón con el movimiento comunista femenino, gracias a la Conferencia Internacional de obreras, convocada simultáneamente

En octubre de 1932 conmemoramos el XV aniversario del Poder Soviético e hicimos el balance de nuestras realizaciones en todos los frentes, incluidos el de la emancipación de la mujer.

Las mujeres –nosotros lo sabemos- tomaron la parte más activa en la guerra civil, muchas de ellas sucumbieron en los combates, otras muchas se templaron en estos combates. Por la activa participación en la lucha por los Soviets en los frentes de la guerra civil, buen número de mujeres han sido condecoradas con la Orden de la Bandera Roja. No pocas ex guerrilleras ocupan hoy puestos prominentes. Las mujeres se han esforzado mucho para emprender a cumplir la labor social.

Una escuela de trabajo social son las asambleas de delegadas. En quince años, cerca de diez millones de mujeres han tomado parte en las actividades de estas asambleas.

Al conmemorarse el XV aniversario de la Revolución de Octubre, del 20 al 25% de los componentes de los Soviets rurales, comités ejecutivos de distrito y Soviets urbanos eran mujeres; 186 mujeres eran miembros del Comité Ejecutivo Central de la R.S.F.S.R. y del Comité Ejecutivo Central de la U.R.S.S. Esa labor las hace desarrollarse en gran manera.

Crece también el número de mujeres comunistas: en 1922 –en vida de Lenin- solo había 40,000 mujeres comunistas y en octubre de 1932 ya sumaban más de medio millón.

En los últimos años hemos dado un paso singularmente grande en el cumplimiento del legado de Lenin sobre la plena emancipación de la mujer.

Asistimos en estos últimos años a un enorme desarrollo de la gran industria, a su reestructuración sobre la base de la técnica moderna y de la organización científica del trabajo. La emulación socialista y el trabajo de choque, que han alcanzado extraordinaria amplitud, dan origen a una actitud nueva, comunista, ante el trabajo. Y es preciso decir que las obreras manifiestan en este sentido no menos entusiasmo que los hombres. Aparecen cada día nuevas trabajadoras de choque, mujeres de inmensa firmeza y tenacidad en el trabajo. La mujer está acostumbrada a trabajar: en la vieja sociedad, la mujer trabajaba incesantemente, sin descanso, pero su trabajo era mirado con desprecio y llevaba impreso el sello de la esclavitud; ahora el temple y la tenacidad en el trabajo elevan a la mujer a las primeras filas de los constructores del socialismo, a las filas de los héroes del trabajo.

Para la emancipación de la mujer ha tenido singular importancia la colectivización de la agricultura. Desde el comienzo mismo de su actividad, Lenin veía en la colectivización la vía de la reestructuración de la agricultura sobre bases socialistas. Ya en 1984, en el libro ¿Quiénes son los “amigos del pueblo”? Lenin cita las palabras de Marx acerca de que después de la “expropiación de los expropiadores”, es decir, cuando se haya arrebatado la tierra a los terratenientes y las fábricas a los capitalistas, llegará la hora de la cooperación (agrupación. –N. K.) de los trabajadores libres, la hora de su posesión comunal (“colectiva”, aclara Lenin) de la tierra y de los medios de producción por ellos producidos.

Después de la Revolución de Octubre, que dio comienzo a la total “expropiación de los expropiadores”, el Poder Soviético planteó el problema de organizar arteles y comunas agrícolas. A esto se dedicó particular atención en los años 1918 y 1919, pero, como lo había previsto Lenin, hicieron falta años y años para que la colectivización fuese un fenómeno de masas y echase hondas raíces. Los años de la guerra civil, cuando la lucha de clases abarcó al campo, el desarrollo del Poder Soviético en las aldeas, los años de ayuda del Poder Soviético al campo y la ayuda cultura a las zonas rurales, todo ello hizo posible la colectivización, que crece y se vigoriza en la lucha contra los Kulaks.
La economía agrícola pequeña y media mantenía a la mujer campesina en terrible sujeción. La ataba fuertemente a la hacienda individual, estrechaba sus horizontes, la convertía en esclava del marido, que la tundía a golpes. La pequeña economía campesina creaba la base para la religión: “Cada uno por sí y Dios por todos”. Lenin recordó repetidas veces este lema, que caracteriza a la perfección la sicología del pequeño propietario. La colectivización hace que el campesino se convierta de pequeño propietario en colectivista, corta las raíces del aislamiento en que vivían los campesinos, corta las raíces de la religión y emancipa a la mujer. Lo que decía Lenin –que sólo el socialismo emancipa a la mujer- se está cumpliendo. Hoy veremos cómo ha cambiado la situación de la mujer en los koljoses.

El Congreso de koljosianos de choque, celebrado a mediados de febrero, ha mostrado elocuentemente los progresos del cultivo de la tierra. Ahora no contamos con 6,000 koljoses, sino con 200,000. En el Congreso se trató de cómo mejor organizar todo el trabajo en los koljoses. Gran número de koljosianas tomó parte en el Congreso. El discurso de la koljosiana Sópina, de la Zorra de Tierras Negras del Centro, fue muy brillante y levantó una tempestad de aplausos de todo el Congreso. Participando en la construcción de los koljoses, las campesinas crecen, aprenden a administrar, a luchar con todas sus fuerzas contra los kulaks, contra el enemigo de clase…

Decae la religión. Ahora la koljosiana, cuando llega a la biblioteca, dice: “¨¿Por qué me das un libro en el que sólo se dice que no hay Dios? Eso ya lo se yo. Dame un libro en el que se diga cómo y por qué nació la religión y cómo y por qué ha de desaparecer”. En los últimos años vemos un crecimiento colosal del grado de conciencia de las masas. Las secciones políticas adjuntas a las estaciones de máquinas y tractores(de dichas secciones forman parte las organizaciones del trabajo entre las mujeres) no sólo contribuían a fortalecer los koljoses en el sentido económico, sino que ayudarán a las amplias masas de koljosianos y koljosianas a desprenderse de los restos de las viejas concepciones, de los restos de la incultura; quedará relegado para siempre en el pasado la falta de derechos a que vivía condenada la mujer.

Han pasado diez años desde la muerte de Lenin. En este luctuoso aniversario comprobaremos en todos los aspectos cómo hemos cumplido los legados de Lenin. Haremos el balance. En lo que atañe a la emancipación de la mujer bajo la dirección del Partido, el legado de Lenin se cumple. Seguiremos adelante por este camino.

N. Krúpskaia (30/11/1933)