jueves, 2 de enero de 2014

El futuro de la monogamia

Caminamos en estos momentos hacia una revolución social en que las actuales bases económicas de
la monogamia desaparecerán tan seguramente como las de su complemento, la prostitución. La monogamia
nació de la concentración de grandes riquezas en las mismas manos – las de un hombre- y del deseo de que
solamente sus hijos heredasen dichas riquezas. Por eso era necesaria la monogamia de la esposa, pero no la
del marido. Tanto es así, que la monogamia de ella no ha sido óbice para la poligamia descarada u oculta de
él. Pero la revolución social inminente, al por lo menos transformar la inmensa mayoría de las riquezas
duraderas hereditarias (los medios de producción) en propiedad social, reducirá al mínimo todas esas preocupaciones de transmisión hereditaria. Y ahora cabe hacer esta pregunta: dado que la monogamia nació de causas económicas, ¿desaparecerá cuando desaparezcan estas causas?
Podría responderse, no sin fundamento, que lejos de desaparecer, más bien se realizará plenamente a
partir de ese momento. Porque con la transformación de los medios de producción en propiedad social
desaparecerán también el trabajo asalariado, el proletariado y, por consiguiente, la necesidad de que cierto
número de mujeres, estadísticamente calculable, se prostituya. Desaparece la prostitución, pero la monogamia, en vez de decaer, llega por fin a ser una realidad, también para los hombres. En todo caso, cambiará mucho la posición de los hombres. Pero también sufrirá profundas modificaciones la de las mujeres, la de todas ellas. Cuando los medios de producción pasen a ser propiedad común, la familia individual dejará de ser la unidad económica de la sociedad. La economía doméstica y el cuidado y educación de los hijos se convertirán en un asunto social. La sociedad cuidará con el mismo esmero a todos los hijos, sean legítimos o naturales. Así desaparecerá el temor a « las consecuencias », que es hoy el más importante motivo social –tanto desde el punto de vista moral como desde el punto de vista económico- que impide a una joven soltera entregarse libremente al hombre a quien ama. ¿No bastará eso para que se desarrollen progresivamente unas relaciones sexuales más libres y también para hacer a la opinión pública menos rigurosa acerca de la honra de las vírgenes y la deshonra de las mujeres? Y por último, ¿no hemos visto que en el mundo moderno la prostitución y la monogamia, aunque antagónicas, son inseparables, como polos de un mismo orden social? ¿Puede desaparecer la prostitución sin arrastrar consigo al abismo a la monogamia?
Ahora interviene un elemento nuevo, un elemento que en la época en que nació la monogamia existía
a lo sumo en germen: el amor sexual individual.
(…)
Pero dado que, por su propia naturaleza, el amor sexual es exclusivista - aun cuando en nuestros días
ese exclusivismo sólo se realiza plenamente en la mujer -, el matrimonio fundado en el amor sexual es por su
propia naturaleza, monógamo. Hemos visto cuánta razón tenía Bachofen cuando consideraba que el progreso del matrimonio por grupos al matrimonio por parejas se debió sobre todo a la mujer. Solamente se puede atribuir al hombre el paso del matrimonio sindiásmico a la monogamia, que históricamente ha consistido sobre todo en rebajar la situación de las mujeres y facilitar la infidelidad de los hombres; Por eso, cuando lleguen a desaparecer las consideraciones económicas en virtud de las cuales las mujeres han tenido que aceptar esta infidelidad habitual de los hombres (la preocupación por su propia existencia y todavía más por el porvenir de los hijos), la igualdad alcanzada por la mujer, a juzgar por toda nuestra experiencia anterior, influirá mucho más en el sentido de hacer monógamos a los hombres que en el de hacer poliandras a las mujeres.
Pero lo que sin duda alguna desaparecerá de la monogamia son todas las características que le
imprimieron las relaciones de propiedad que la originaron. Estas características son la preponderancia del
hombre y la indisolubilidad del matrimonio. La preponderancia del varón en el matrimonio es sencillamente
consecuencia de su preponderancia económica, y desaparecerá por sí sola cuando ésta desaparezca. La
indisolubilidad del matrimonio es consecuencia de las condiciones económicas que engendraron la monogamia y de la tradición de la época en que, mal comprendida aún, la vinculación de esas condiciones
económicas con la monogamia fue exagerada por la religión. Actualmente está deteriorada ya por mil lados.
Si el matrimonio fundado en el amor es el único moral, sólo puede ser moral el matrimonio donde el amor
persiste. Pero la duración del arrebato del amor sexual varía mucho según los individuos, particularmente
entre los hombres. En virtud de ello, cuando el afecto desaparezca o sea reemplazado por un nuevo amor
apasionado, el divorcio será un beneficio tanto para ambas partes como para la sociedad. Sólo que deberá
ahorrarse a la gente el tener que pasar por el barrizal inútil de un pleito de divorcio.
Así pues, lo que podemos conjeturar hoy acerca de la regularización de las relaciones sexuales después de la inminente supresión de la producción capitalista es, más que nada, de un orden negativo y queda limitado principalmente a lo que debe desaparecer. Pero ¿qué sobrevendrá? Eso se verá cuando haya crecido una nueva generación: una generación de hombres que no sepan lo que es comprar a una mujer con dinero ni con ayuda de ninguna otra fuerza social; una generación de mujeres que no sepan lo que es entregarse a un hombre por miedo a las consecuencias económicas que pudiera acarrear una negativa en virtud de otra consideración que no sea un amor real. Y cuando esas generaciones aparezcan, enviarán al cuerno todo lo que nosotros pensamos que deberían hacer. Se dictarán a sí mismas su propia conducta, y en consonancia, crearán una opinión pública para juzgar la conducta de cada uno. ¡Y todo quedará hecho!

Engels
El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado