jueves, 14 de noviembre de 2013

¡ Igualdad completa para las mujeres !

El capitalismo une una igualdad puramente formal a la desigualdad económica y, en consecuencia,social. Es una de sus características fundamentales, mentirosamente disimulada por los partidarios de la burguesía, por los liberales e incomprendidos de los demócratas pequeño burgueses. De esta característica del capitalismo deriva, entre otras cosas, la necesidad, en la lucha resuelta por la igualdad económica, de reconocer abiertamente la desigualdad capitalista, y también, en ciertas condiciones, de poner este reconocimiento altamente formulado de la desigualdad en la base del Estado proletario (Constitución soviética).
Por otra parte, mismo en la igualdad puramente formal (la igualdad jurídica, “igualdad” del bien alimentado y del hambriento, del poseedor y del no-poseedor), el capitalismo no puede ser consecuente. Y una de las manifestaciones más flagrantes de esta inconsecuencia es la desigualdad entre la mujer y el hombre. Ningún Estado burgués, aunque sea progresista, aunque sea republicano o democrático, no ha reconocido la entera igualdad de los derechos de la mujer y el hombre.
La República de los Soviets de Rusia, por contra, ha barrido de un solo golpe, sin excepción, todos los restos jurídicos de la inferioridad de la mujer y asegurado de golpe la igualdad más completa por ley para la mujer. Se ha dicho que el nivel de cultura de un pueblo estaba mejor definido por la situación jurídica de la mujer. En esta fórmula hay algo de profunda verdad. Desde este punto de vista, solo la Dictadura del proletariado, sólo el Estado socialista podría alcanzar el grado más alto de cultura.
Es por lo que el nuevo impulso de una potencia sin precedentes, dada al movimiento obrero femenino es inseparable de la fundación (y de la liberación) de la primera República de los Soviets, -y, paralelamente, en conexión con este último hecho, de la Internacional comunista. Tratándose de aquellos que el capitalismo oprime directa o indirectamente, entera o parcialmente, el régimen de los Soviets, y sólo este régimen, les asegura la democracia. La condición de la clase obrera y los campesinos más pobres lo demuestra claramente. La condición de la mujer lo demuestra también claramente.
Pero el régimen de los Soviets es el último combate decisivo por la abolición de las clases, por la igualdad económica y social. La democracia, aunque ofertada a los más oprimidos por el capitalismo, no nos basta. 
El movimiento obrero femenino, no contento con una igualdad puramente formal, se propone como tarea principal la lucha por la igualdad económica y social de la mujer. Hacer participar a la mujer en el trabajo productivo social, arrancarla de la esclavitud doméstica, liberarla del yugo embrutecedor y humillante, eterno y exclusivo, de la cocina y la habitación de los niños, he ahí la tarea principal. Esta lucha será larga. Exige una transformación radical de la técnica social y de las costumbres. Pero acabará finalizando con la victoria completa del comunismo.

Lenin:  Para el Día Internacional de las mujeres