miércoles, 4 de septiembre de 2013

El éxito de una revolución depende del grado de participación de las mujeres

"Camaradas, el congreso de la parte femenina del ejército proletario, desde cierto punto de vista, tiene una importancia particularmente grande por el hecho de que en todos los países las mujeres se han puesto a en movimiento con bastante dificultad. Una revolución socialista no es posible sin una larga representación de una fracción de las mujeres trabajadoras.

En todos los países civilizados, incluso en los más avanzados, la condición de las mujeres es tal que se les llama, no sin razón, las esclavas domésticas. En ningún Estado capitalista, aunque fuera la más democrática de las Repúblicas, las mujeres no gozan de plena igualdad de derechos.

La República de los Soviets tiene para empezar como tarea abolir todas las restricciones de los derechos de la mujer. El poder de los Soviets ha abolido totalmente esta fuente de ignominia burguesa, de envilecimiento y humillaciones, -el procedimiento del divorcio.

Pronto hará un año que existe una legislación completamente libre sobre el divorcio. Hemos promulgado un decreto que abole la diferencia de la situación entre el hijo legítimo y el hijo natural, y suprime toda una serie de vejaciones políticas: en ninguna parte del mundo la igualdad y la libertad de las mujeres trabajadoras han encontrado una realización tan completa.

Sabemos que todo el peso de las anticuadas prescripciones pesa sobre la mujer de la clase obrera.
Por primera vez en la historia, nuestra ley ha borrado todo lo que hace de la mujer un ser sin derechos. Pero no se trata de la ley. Aquí, esta ley sobre la libertad completa de matrimonio es fácilmente aceptada en las ciudades y aglomeraciones industriales, pero en el campo, se queda normalmente en letra muerta. Allí, hasta ahora, el matrimonio religioso predomina. Eso es debido a la influencia de los curas, y este mal es más difícil de combatir que la antigua legislación. 
Es con extrema prudencia como hay que luchar contra los prejuicios religiosos: los que en el curso de esta
lucha hieren los sentimientos religiosos hacen mucho daño. Hay que luchar por medio de la propaganda y la aclaración. Degradando esta lucha podemos irritar a las masas: una lucha tal profundiza la división de las masas sobre el terreno religioso y nuestra fuerza reside en la unión. La fuente más profunda de prejuicios religiosos es la miseria y el oscurantismo: esos son los males que debemos combatir.

Hasta aquí, la condición de la mujer se ha quedado como se calificaba de esclavismo; la mujer está sometida a su hogar y no puede salvarse de esta situación más que por el socialismo, solo en el momento en que de la pequeña explotación iremos a la explotación común y hacia la cultura comunal de la tierra.

Entonces, solo entonces, la liberación y la emancipación de la mujer serán totales. Es una tarea difícil: pero ya se han creado los comités de campesinos pobres y se acerca el momento en el que la revolución será consolidada.

Ahora, solamente, la parte más pobre de la población de la aldea se organiza, y en estas organizaciones de los pobres el socialismo obtiene un fundamento estable.
En el pasado, conocimos muy habitualmente situaciones en las que la ciudad se volvía revolucionaria y la aldea no se movía más que tras ella.

La revolución actual se apoya en la aldea, y es allí donde reside su importancia y su fuerza. La experiencia de todos los movimientos liberadores demuestra que el éxito de una revolución depende del grado de participación de las mujeres. El poder soviético hace todo para que la mujer pueda cumplir, en total independencia, su tarea proletaria y socialista."



Lenin: Discurso al primer congreso panruso de obreras
            Pronunciado el 19 de noviembre de 1918

            Pravda, 10 de marzo 1925