lunes, 2 de septiembre de 2013

El Amor-Camadería

"El amor-camaradería es el ideal necesario al proletariado en los períodos difíciles de grandes responsabilidades, en los que lucha para el establecimiento de su dictadura o para fortalecer su mantenimiento. No obstante, cuando el proletariado haya triunfado totalmente y sea ya un hecho la sociedad comunista, el amor, el «Eros de alas desplegadas» revestirá un aspecto diferente por completo del que tiene actualmente, se presentará en una forma totalmente distinta, adquirirá un aspecto completamente desconocido hasta ahora por los hombres. Entre los miembros de la nueva sociedad se habrán desarrollado y fortalecido los «lazos de simpatía», «da capacidad para amar» será mucho mayor y se convertirá en «animador» el amor-camaradería, papel que en la sociedad burguesa estaba reservado al principio de concurrencia y al egoísmo. El colectivismo del espíritu y de la voluntad triunfarán sobre el individualismo que se bastaba a sí mismo. Desaparecerá el «frío de la soledad moral», de la que en el régimen burgués intentaban escapar los hombres refugiándose en el amor o en el matrimonio; los hombres quedarán unidos entre sí por innumerables lazos psíquicos y sentimentales. Se modificarán los sentimientos de los hombres en el sentido de los intereses cada vez más grandes hacia la cosa pública. La desigualdad entre los sexos y todas las formas de dependencia de la mujer con relación al hombre desaparecerán en el olvido sin dejar el menor rastro.
[...]
Actualmente nos encontramos en el recodo donde se cruzan dos civilizaciones: la civilización proletaria y la civilización burguesa. En este período de transición, en el que estos dos mundos luchan encarnizadamente en todos los frentes, incluso en el frente ideológico, el proletario está muy interesado en lograr por todos los medios a su alcance la más rápida acumulación posible de «sensaciones o sentimientos de simpatía». En este período de transición la idea moral que determina las relaciones entre los sexos no puede ser el brutal instinto sexual, sino las múltiples sensaciones del amor-camaradería experimentadas por hombres y mujeres. Es necesario, para que estas sensaciones correspondan a la nueva moral proletaria en formación, que estén basadas en los tres postulados siguientes :

1° Igualdad en las relaciones mutuas (es decir, desaparición de la suficiencia masculina y de la sumisión servil de la individualidad de la mujer al amor).

2° Mutuo y recíproco reconocimiento de sus derechos, sin pretender ninguno de los seres unidos por relaciones de amor la posesión absoluta del corazón y el alma del ser amado. (Desaparición de lsentimiento de propiedad fomentado por la civilización burguesa.)

3° Sensibilidad fraternal: el arte de asimilarse y comprender el trabajo psíquico que en el alma del ser amado se efectúa. (La civilización burguesa sólo exigía que la mujer poseyese en el amor esta sensibilidad.)

Pero aunque la ideología de la clase obrera proclame los derechos del «Eros de alas desplegadas» (del amor), subordina al mismo tiempo el amor que los miembros de* la colectividad trabajadora sienten entre sí a otro sentimiento mucho más poderoso, un sentimiento de deber con la colectividad. Por muy grande que sea el amor que una a dos individuos de sexos diferentes, por muchos que sean los vínculos que unan sus corazones y sus almas, tienen que ser mucho más fuertes, más orgánicos y numerosos los lazos que los unan a la colectividad. «Todo para el hombre amado», proclama la moral burguesa. «Todo para la colectividad», determina la moral proletaria.

Ahora te oigo argumentar, mi joven camarada: Concedido, como afirmas, que las relaciones de amor basadas en el espíritu de fraternidad se conviertan en el ideal de la clase obrera. Mas, ¿no pesará demasiado este ideal, esta «medida moral» del amor sobre los sentimientos amorosos? ¿No pudiera ocurrir que este ideal destroce y mutile las delicadas alas del «suspicaz-Eros»? Hemos liberado al amor de las cadenas de la moral burguesa; pero, ¿no le crearemos tal vez otras?

Mi joven camarada, tienes razón. Al rechazar la «moral» burguesa en el dominio de las relaciones matrimoniales, la ideología proletaria se forja inevitablemente su propia moral de clase, sus nuevas y reglamentadoras normas de las relaciones entre los sexos, que corresponden mejor a las tareas de la clase obrera, que sirven para educar los sentimientos de sus miembros y que, por lo tanto, constituyen hasta cierto punto cadenas que aprisionan el sentimiento de amor. Es indudable que el proletariado arrancará irremisiblemente muchas plumas de las alas del delicado Eros, si hablamos del amor patrocinado por la ideología burguesa, tal y como se lo representa aquella ideología. Pero lo que no se puede hacer, porque significa no darse cuenta del porvenir, es lamentarse de que la clase obrera imprima su sello en las relaciones sexuales con el fin de lograr que el sentimiento de amor corresponda con sus tareas de clase. Es evidente que en vez de las viejas plumas arrancadas a las alas de Eros, la clase ascendente de la Humanidad hará que le crezcan otras de una belleza, brillo y fuerza desconocidos hasta ahora. No olvides, joven camarada, que el amor cambia de aspecto y se transforma de una manera inevitable a la vez que cambian las bases culturales y económicas de la sociedad.

Si conseguimos que de las relaciones de amor desaparezca el ciego, el absorbente y exigente sentimiento pasional; si desaparece también el sentimiento de propiedad, lo mismo que el deseo egoísta de «unirse para siempre al ser amado»; si logramos que desaparezca la fatalidad del hombre y que la mujer no renuncie criminalmente a su «yo», no cabe duda que la desaparición de todos estos sentimientos hará que se desarrollen otros preciosos elementos para el amor. Así se desarrollará y aumentará el respeto hacia la personalidad de otro, lo mismo que se perfeccionará el arte de contar con los derechos de los demás; se educará la sensibilidad recíproca y se desarrollará enormemente la tendencia de manifestar el amor no solamente con besos y abrazos, sino también con una unidad de acción y de voluntad en la creación común.

No es, pues, la tarea de la ideología proletaria separar al «Eros alado» de sus relaciones sociales. Consiste simplemente en llenar su carcaj con nuevas flechas; en hacer que se desarrolle el sentimiento de amor entre los sexos basado en la más poderosa fuerza psíquica nueva: la solidaridad fraternal.

Joven camarada, espero que ahora verás claramente que el hecho de que el problema del amor despierte un interés tan extraordinario entre la juventud trabajadora no es síntoma de «decadencia» en modo alguno. Creo que ahora podrás encontrar por ti mismo el lugar que debe corresponder al amor, tanto en la ideología del proletariado como en la vida diaria de la juventud trabajadora.
[...]
La nueva sociedad comunista está edificada sobre un principio de camaradería y solidaridad. Pero, ¿qué es la solidaridad? No solamente debemos entender por solidaridad la conciencia de la comunidad de intereses; la solidaridad la constituyen también los lazos sentimentales y espirituales establecidos entre los miembros de una misma colectividad trabajadora. El régimen social edificado sobre principios de solidaridad y colaboración exige, sin embargo, que la sociedad en cuestión posea, desarrollada en alto grado, «la capacidad de potencial de amor», es decir, la capacidad para sensaciones de simpatía.

Si faltan estas sensaciones, el sentimiento de camaradería no puede consolidarse. Por esto intenta la ideología proletaria educar y reforzar en cada uno de los miembros de la clase obrera sentimientos de simpatía ante los sufrimientos y las necesidades de sus camaradas de clase. También tiende la ideología proletaria a comprender las aspiraciones de los demás y a desarrollar la conciencia de su unión con los otros miembros de la colectividad. Pero todas estas «sensaciones de simpatía», delicadeza, sensibilidad y simpatía se derivan de una fuente común: de la capacidad para amar, no de amar en un sentido puramente sexual, sino con un amor en el sentido más amplio de esta palabra.

El amor es un sentimiento que une a los individuos; podemos incluso decir que es un sentimiento de orden orgánico. La burguesía ha comprendido también toda la fuerza de unión entre los hombres que puede tener el amor, y, por lo tanto, procuraba sujetarlo bien a sus intereses. Por eso la ideología burguesa, al intentar consolidar la familia, recurre a la virtud moral del «amor entre esposos»; ser «un padre de familia» era a los ojos de la burguesía una de las más grandes y preciadas cualidades del hombre.

Por su parte, el proletariado debe considerar el papel social y psicológico del sentimiento de amor, tanto en el amplio sentido de la palabra como en lo referente a las relaciones entre los sexos, que puede y debe jugar para reforzar los lazos, no en el dominio de las relaciones matrimoniales y de la familia, sino los que contribuyen al desenvolvimiento de la solidaridad colectiva."

Fuente: "La juventud y la moral sexual"
             Aleksandra Kollontái