martes, 19 de enero de 2016

UCRANIA: ENTREVISTA A TATIANA RYBALKO, LIDER COMUNISTA DE MARIUPOL Y OBRERA METALÚRGICA

Entrevista a Tatiana Rybalko, lider comunista de Mariupol y obrera metalúrgica que sobrevivió a la tortura a manos del régimen de Kiev y se unió a la Brigada Prizrak:


"La paz vendrá a Donbass sólo después del derrocamiento del régimen de Kiev: miliciana de la Prizrak"

Por Alexey Albu


Tatiana Rybalko, natural de Mariupol, no desistió después de escapar de las cámaras de tortura de Kiev; se hizo voluntaria de la Brigada Prizrak.

Alexey Albu: Háblanos de ti. ¿Quién eras antes de la guerra, qué hacías?

Tatiana Rybalko: Antes de la guerra, yo trabajaba en la planta de acero de Mariupol, hasta el mismo momento que fui capturada. Desde el año 2010 era miembro del Partido Comunista [de Ucrania, KPU], y fue repetidamente reelegida para el cargo de Secretaria de la célula del Partido, miembro del Comité de Distrito, Secretaria Adjunta de la Comisión de Distrito.
En febrero de 2014, me convertí en líder del Comité Antifascista de la ciudad. Participé en manifestaciones y protestas. También a partir de abril de 2014, fui miembro del grupo de iniciativa de los diputados de la República Popular de Donetsk (DNR) en Mariupol. Me convertí en un miembro de la comisión de la ciudad después del referéndum del 11 de mayo de 2014. A partir de junio hasta el día de mi secuestro, recogí la ayuda humanitaria (alimentos, ropa, medicinas) para nuestros chicos que luchaban en la milicia. Sin embargo, la gente traía sólo un poco - en la ciudad ocupada de Ucrania, hacer esto era peligroso. En otras palabras, incluso bajo la presión de los nacionalistas ucranianos, continuamos la lucha por el poder popular contra los nazis y sus secuaces.

AA: ¿Cómo fue capturada?

TR: Me fui a trabajar en el turno de noche. A sólo 10 metros de casa me hicieron subir a un "Gazelle" Personas desconocidas me pusieron una bolsa en la cabeza, me esposaron y me arrastraron hacia el coche. En el camino, me golpearon mucho. Paramos varias veces, me sacaban, me ponían de rodillas y me golpeaban de nuevo. "Te dispararemos." Como supe más tarde, eran los neonazis del Batallón de Azov.
Cuando llegué a su campamento, que estaba ubicado en el territorio del aeropuerto de Mariupol, fui arrojada en una celda de 1 metro de ancho, 2 metros de largo y 2 metros de altura. El mismo día, sin necesidad de retirar la bolsa y las esposas, me llevaron a un interrogatorio. El interrogatorio fue brutal - Me colgaron, me ahogaron en tanques de agua, torturada con electroshock. Golpearon todo mi cuerpo, especialmente la cabeza. Me sacaron "para ser fusilada" (una ametralladora estaba apuntando a la parte superior de mi cabeza, simulando el castigo) y me metieron en una fosa de cadáveres. Duró 10 días, y luego fue llevado a cabo por el SBU [Servicio de Seguridad de Ucrania]. El SBU me acusaba de "traición a la patria", "terrorismo" y "separatismo".

AA: ¿Cuáles eran las condiciones de detención de los prisioneros de guerra y presos políticos?

TR: Como he dicho antes, me pasé los primeros 10 días en el campamento "Azov". Allí me alimenté una vez al día y fui torturada. Tuve que dormir en un piso de cemento.
Después estuve en la cárcel 56 días. La relación de los reclusos con los guardias de la prisión era normal. Me llevaron a un interrogatorio por el SBU; no me golpearon, pero fui psicológicamente presionada y me chantajeaban.

AA: ¿Cómo te las arreglaste para salir?

TR: Después de las negociaciones en Minsk en diciembre de 2014, fui colocada en la lista para el intercambio de prisioneros de guerra. El intercambio tuvo lugar en el área de Yasinovataya (DNR). Quiero decir algunas palabras acerca de la actitud hacia los prisioneros. Ellos se refieren a nosotros como ganado, y cosas peores . Nos llevaron en autobuses sofocantes, tapados con una bolsa, con las manos esposadas y pegados a los asientos.
Con nosotros había cuatro milicianos mal heridos - todo el camino (que fue de 20 horas), los chicos sufrieron el dolor y no se les proporconó asistencia. La mayor ofensa fue que aquellos por los que nos intercambiamos caminaban como si vinieran de un resort, y nosotros en cambio quedamos maltratados y rotos.

AA: ¿Qué hace ahora?

TR: Ahora soy un soldado de la Brigada Prizrak, comandante de la residencia militar.

AA: En tu opinión, ¿por qué el Partido Comunista se retiró de la revuelta en el sureste de Ucrania?

TR: Me resulta muy difícil hablar de esto, porque yo mismo era un miembro del partido, y es una experiencia muy dolorosa, pero la dirección del Partido Comunista es una vergüenza para el movimiento comunista. Creo que se mantienen al margen de la sublevación en el Donbass debido a la corrupción de la dirección del partido y que quieran mantenerse "limpios" en el caso de que fracase de la sublevación.

AA: En su opinión, ¿existe hoy la posibilidad de crear unidades de combate de mujeres en la línea de unidades de autodefensa de las mujeres en el Kurdistán? ¿Hay una necesidad de esto?

Tatiana Rybalko: La oportunidad está ahí - tenemos una gran cantidad de mujeres en el ejército, y muchas que quieren luchar. Creo que hay una necesidad: Por desgracia, la mayoría de los hombres han huido a Rusia, o piensan que no tienen que defender su tierra. No todos, por supuesto, me disculpo, pero no había una degradación de la población masculina de Donbass. No todos salieron a defender su tierra, sus seres queridos. Muchos simplemente huyeron.

AA: ¿Cómo son tratadas las mujeres tratadas en las milicias Lugansk?

TR: En la brigada se las trata bien, pero de nuevo, por desgracia, no por todos. Y en toda la LC no puedo decir. Yo sé una cosa, que el ejército es reacio a coger mujeres, sobre la base de las condiciones: edad máxima de 35 y la formación militar previa.

AA: ¿Qué le dirías a los que están en el otro lado de la línea del frente?

TR: Puesto que soy ucraniana (como dice la quinta columna de los pasaportes soviéticos, y puesto que mis antepasados eran cosacos Zaporozhye cosacos), esto es lo que yo diría. Chicos! Nuestro enemigo común está sentado en la Rada Suprema en Kiev y Washington. Rusia es un país que "nos limpió la nariz" y nos cuidó. Rusos, bielorrusos y ucranianos son un solo pueblo - Rusichi !!! Usted viene a nuestra tierra, nos mata, y mientras tanto, su hogar y su familia están siendo vendidos al Tío Sam. Y los engaños que alimentan, sobre la grandiosa Ucrania, son puro teatro. Usted no tiene que luchar con nosotros, sino desplegar sus armas e ir a Kiev para eliminar el "tic" de tu tierra. Sólo después del derrocamiento de la junta (que llegó al poder a través de un golpe de estado armado ilegal) habrá paz en nuestra tierra. Usted está impulsando la masacre, le convierten en moneda de cambio, pero nadie le ayuda si está herido, y en el caso de su muerte nadie va a ayudar a su familia. Se le envían al Donbass, dése por perdido. Piense -.! que se muere por hacer más ricos a Yatsenyuk, Poroshenko, Turchynov, Tymoshenko y otros como ellos en Kiev.

AA: ¿Cómo le gustaría ver a su país después de la victoria?

TR: Sólo socialista y sólo con Rusia.


Extraído de:  Internacionalistas 36 II

sábado, 5 de septiembre de 2015

Apuntes para el debate sobre la cuestión femenina (I)

En los últimos años 30, asistimos a la práctica desaparición del llamado movimiento feminista en nuestro país. La mayor parte de sus reivindicaciones, con un contenido de clase netamente burgués, se fueron consiguiendo, en la medida en que no cuestionaban el régimen vigente.

Esta es una de las razones del agotamiento de aquel movimiento. Otra razón fue la cooptación por parte del Estado de quienes lo encabezaron. Sus promotoras terminaron en no pocos casos convenientemente colocadas en consejerías de ayuntamientos, comunidades autónomas,etc.

Pero el reconocimiento de unos determinados derechos solo ha beneficiado de manera parcial a las mujeres trabajadoras. No tenemos más que mirar a nuestro alrededor para ver en qué situación nos encontramos. Las trabajadoras recibimos entre un 25% y un 30% menos de salario por el mismo trabajo, somos relegadas a realizar los trabajos menos cualificados, con los contratos más precarios ( dentro de un mercado laboral ya de por sí muy deteriorado en cuanto a derechos); el componente femenino es probablemente mayoritario en la economía sumergida, ámbito en el que no podemos dejar de señalar la situación en la que se encuentran las empleadas en el servicio doméstico, buena parte de ella inmigrantes, cuyas condiciones de trabajo no pueden ser calificadas sino de semiesclavitud, con jornadas de 24 horas (en el caso de las internas), sin derechos de ningún tipo, descansando, con suerte, un día a la semana y con salario de otra época.

Curiosamente, todo lo referente a la explotación laboral no ocupa ningún espacio o lo ocupa en
 un grado ínfimo en el discurso feminista al uso que, de nuevo, empieza a levantar cabeza.

Pero las mujeres trabajadoras no sólo sufrimos la explotación laboral, sino también la doméstica. Al día de hoy, a pesar de que se han producido algunos avances, la mayor parte del trabajo doméstico, en la mayor parte de las unidades familiares, continúa recayendo sobre la mujer.

Y de la misma forma que se da esta doble explotación, se da una doble opresión: las trabajadoras carecemos de los mismos derechos políticos y sociales que los trabajadores, y, además, padecemos la opresión que se deriva de una sociedad basada en la supremacía y el dominio por parte del hombre, que se manifiesta, en los caso más extremos, como maltrato (llegando al asesinato, como ocurre con decenas de mujeres cada año), o bajo otras formas, en el plano más cotidiano.

Es en este último aspecto en el que las neofeministas hacen hincapié principalmente. Esto les lleva, por un lado, a unilateralizar sus posiciones, porque pretenden encerrar el problema de la discriminación de la mujer en el ámbito doméstico, de las relaciones de pareja, cuando no en la propia alcoba, como ocurre con esa especie de feminismo genital, que magnifica y sobredimensiona, hasta lo patológico, todo lo relacionado con las relaciones sexuales. Por otro lado, caen en la más absoluta abstracción, porque no se sabe muy bien dónde sitúan tanto el origen como la solución al problema que estamos tratando. Sencillamente, niegan o ignoran que el predominio social del hombre sobre la mujer se funda en la división de clases de la sociedad, en la existencia de la propiedad privada, en el modo de producción capitalista y en la superestructura jurídica, política y cultural que se genera a partir de él. De modo que, por mucho que se legisle por mucho que se introduzcan reformas educativas, se creen todo tipo de institutos y observatorios sobre la violencia de género, etc., la ideología patriarcal, la cultural patriarcal, continuará reproduciéndose y manifestándose en todos los ámbitos.

Hay que establecer una línea divisoria muy clara entre el movimiento feminista y el marxismo. Nosotras no hablamos de la mujer en general como un grupo social homogéneo con reivindicaciones e intereses comunes por encima de la clase a la que pertenecemos. La lucha de la mujer burguesa por colocarse en igualdad de condiciones respecto a los hombres de su clase es por completo ajena a la lucha de la mujer proletaria. Entre otras cosas, porque nuestra lucha debe ir encaminada a la destrucción de la opresión y explotación burguesas y a la destrucción de la burguesía (masculina y femenina) como clase.

Tampoco es casualidad que, precisamente en estos momentos, cuando se está produciendo un resurgimiento del movimiento obrero y popular, con una importante y creciente participación de la mujer trabajadora, resurja, a su vez, el movimiento feminista, manejando un discurso muy radical en las formas pero muy reaccionario en el fondo.

El discurso que proponen parece ir orientado en una sola dirección: convertir a las mujeres en las eternas víctimas, enfrentarlas con sus compañeros de clase y combatir la participación de las mujeres en los partidos y organizaciones comunistas y antifascistas.

Nuestro planteamiento es completamente diferente. La cuestión femenina, como cualesquiera otras cuestiones, la analizamos partiendo del materialismo dialéctico e histórico y no desde los prejuicios, la moral y la ideología burguesas. Por este motivo, proclamamos que no somos feministas ni pretendemos serlo; rechazamos de plano esta denominación. El feminismo, desde su nacimiento, ha sido siempre un movimiento de naturaleza burguesa. Nuestra concepción parte de la base de que la principal división social no es la que se establece entre géneros, si no entre clases. Tampoco entendemos, por tanto, que organizaciones que se denominan comunistas manejen conceptos como el de "feminismo de clase" u otros similares, que, bajo nuestro punto de vista, son del todo incongruentes.

Sin embargo, a pesar de rechazar la denominación de feministas, nadie puede poner en duda el compromiso de las comunistas con la lucha por la emancipación de la mujer. A lo largo de la historia, las mujeres más combativas y más comprometidas con esta lucha han militado precisamente en el movimiento comunista. Y si nos vamos a las conquistas concretas, cuando en los países capitalistas no se tenía ni noticia de que las mujeres podíamos desempeñar al mismo nivel que los hombres las más altas responsabilidades políticas, incorporarnos al ejército como combatientes, ser independientes y autónomas en todos los planos de la vida, divorciarnos, ser plenamente dueñas de nuestros derechos reproductivos, etc., todo esto ya se estaba produciendo en la Unión Soviética y en los demás países socialistas. No vamos a decir que la situación de la mujer en los países socialistas es ideal, pero pongamos un ejemplo muy ilustrativo: en nuestro país, la primera campaña institucional contra el maltrato hacia la mujer no se conoció hasta bien entrados los años 90 del siglo pasado. Sin embargo, este tipo de campañas ya se desarrollaban en la URSS hace muchas décadas.




miércoles, 10 de junio de 2015

RELATO: "Llevamos las letras"

— ¡Eh, muchacha, espera, no sigas corriendo! Sí, es a ti. Vaya colores que tienes, cualquiera que te vea sabe que vienes de una manifestación.
Cógete a mí, esos bestias no serán capaces de meterse con una vieja como yo. Y si preguntan, decimos que eres hija mía y que vamos a... es igual, a donde sea. Pero ahora tranquilízate. ¿Has visto cómo lanzaban pelotas? Yo también he tenido que correr, me parece hasta mentira. A mis años, con lo que me pesan las piernas, y hace un rato era como si no las tuviera. Si alguna vez se celebran los juegos olímpicos de la vejez, me apunto a participar. Con que me pongan un policía detrás tengo asegurada alguna medallita...

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-No, hija, de la Virgen del Carmen no. Hay que ver cómo sois los jóvenes, la veis a una arrugada y canosa y ya os creéis que sólo valemos para estar en casa con sopitas y buen vino. A ver de dónde te piensas que vengo yo también. Me tienes que haber visto. Iba con otras chavalas de mi edad a la cabeza de la manifestación llevando una pancarta. Bueno, eran carteles en los que iban pintadas las letras. Las hacemos nosotras, ¿sabes?; dibujamos en el cartón, después les damos rojo y ya está. Resaltan tanto que cualquiera, a no ser que esté ciego, las ve a cien metros de distancia. Eramos ocho y cada una llevaba la suya, la mía era la T. La pena es que cuando han empezado los botes de humo ya no era posible leer la palabra. La M estaba al lado de la S. La I antes de la N, en fin, un auténtico lío. Claro, que después ya no se veían ni los carteles; por no ver no he visto ni a las otras que venían conmigo, nos hemos despistado y, ya ves, ahora te llevo a ti cogida del brazo como... Por cierto, cómo te llamas...

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- No te entiendo; bueno, es igual, respira hondo para que no se te note la carrera, quizás por aquí haya alguno de esos que te sacan la chapa y ¡hala! para comisaría. A mí no me preocupa, sé que no me iban a pegar mucho, lo único es el susto que se iba a llevar mi marido si ve que no llego, pero lo peor sois vosotros, los jóvenes, y a ti sí te iban a zurrar, por lo menos para quitarte las ganas de volver a otra.
Mira, ya se te están bajando los colores. De todas formas, estabas más guapa antes. Sí, no te rías, aunque vosotros siempre estáis guapos. ¡Te sigues riendo! Es posible que esté diciendo muchas tonterías, son los nervios. Ya estoy empezando a notar las piernas. ¡Qué desastre! Sin embargo, hace un rato parecía una liebre, si me ve mi hija no se lo cree. Mañana se lo tengo que contar cuando vaya a visitarla, seguro que se retuerce de risa en el locutorio, y luego me hablará sin dejar de sonreírme. Y
yo quiero verla sonreír y reír a carcajadas, aunque sólo sea a través de los cristales porque bastante triste es tener que estar encerrada día tras día. Además, muchacha, necesito verla reír porque es lo único que me dejan tener de ella.

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— Ah, claro; ¿ves como son los nervios...? He empezado a hablar de mi hija sin darme cuenta de que hace un momento que nos conocemos. Sí, está en la cárcel. No te pienses que me da vergüenza decirlo, lo que ella ha hecho no es para que yo baje la cabeza, al revés, mi hija no es capaz de hacer nada malo. Está presa por ser comunista, y guerrillera, y no terrorista como dicen todos esos sinvergüenzas de los periódicos...

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— ¿Sí? ¿Me pongo exaltada cuando hablo de estas cosas? Ay, hija, debe ser la fuerza de la
costumbre; me he llevado tantos chascos que está una a la que salta. Si vieras como yo he tenido que ver y oír a gente seria, que incluso se llamaba de izquierdas, ¡hasta jóvenes como tú! decir barbaridades de los compañeros de mi hija... Así que una ya, por si acaso, prefiere dejar las cosas bien sentadas desde el principio. Me alegro que tú no seas de esos; cada vez hay menos... ¡Mi hija terrorista! ¡Todos nuestros hijos terroristas! ¡Cuánta mentira!

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— Sí, hablo en plural porque las otras que venían conmigo tienen también a sus hijos en la cárcel. Y de todas formas, para nosotras todos son como hijos. Las tenías que ver. ¡Son tan guapas y alegres! ¡Y los chicos! ¡Vaya muchachos que tenemos! Esos que salen en la tele parecen mamarrachos
al lado de ellos. Además, inteligentes son todos un rato. Cualquier cosa que les preguntes saben contestártela, pero sobre lo que sea, por eso los tienen dentro, ¿sabes?, porque fuera ya se encargarían ellos de poner los puntos sobre las íes, y bien puestos. Esa es la pena, que ellos que podrían hacer tanto estén allí y nosotras, ya ves, unas pocas madres, unas viejas que ya no podemos casi correr ni sabemos tanto como ellos, estamos aquí en la calle. ¡Si fuéramos más jóvenes! porque así no es lo mismo, lo que nosotras podemos hacer es muy poco y ellos en la cárcel, tratándoles como lo hacen, a baquetazo limpio, sin apenas darles de comer, sin poder estar libres viendo el sol, sin vivir con sus hijos...

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— No, si ya sé que algún día estarán de nuevo con nosotros, por eso llevaba la T, o la M o la A, y, además, estabas tú y mucha gente. Ya has visto la manifestación. La verdad es que tampoco éramos demasiados, y ahí está el problema, tenemos que serlo para que ellos salgan, para que vuelvan. ¡Hace tantos años que no puede estar mi hija con nosotros! Y, claro, nos vamos haciendo viejos, por eso la echo cada vez más en falta, porque ella no nos dejaría solos, nos cuidaría y también le podría contar mis cosas, los problemas que tengo. Ella seguro que me animaría, pero sobre todo, muchacha, no estaría sola. Ahora no se los cuento porque para qué quiere ella más problemas. ¡Ni que no tuviera bastante! Y cuando se da cuenta —y tiene una vista...— y me pregunta, les quito importancia. Son tonterías, le digo, que si duele aquí o allá, cosa normal porque a mis años no voy a querer estar como una rosa, o que si no encuentro trabajo. Ya ves, ni que ahora dieras una patada al suelo y te salieran tres sitios para colocarte. Claro, que ya sé que todo esto que te digo es más una ilusión que otra cosa, porque también sé que cuando salga se volverá a marchar, ya me lo ha dicho muchas veces, aunque eso no hace falta que me lo diga, pero cuesta hacerse a la idea. He vivido varios años sobresaltada, esperando la noticia de que la hubieran detenido, o peor aún, que la hubieran matado, y a eso es difícil acostumbrarse.

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— No, por supuesto que no prefiero que esté en la cárcel. Allí estás en sus manos. ¡Y qué manos! Eso es un guante de hierro. Quiero que esté en la calle, aunque me pase los años que me queden de vida temiendo por ella. Quiero que esté en la calle porque sé que está libre y a la libertad, muchacha, tenemos derecho, que por eso luchan ellos. ¿Te has dado cuenta todo el rato que llevamos andando? Te estoy liando aquí con mis tonterías cuando seguro que tienes amigos con los que habrás quedado. Te dejo que te estarán esperando. Ya estamos lejos de la zona de la manifestación y no hay peligro.

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— ¿No? Bueno, pues entonces vamos a seguir paseando un ratito más; ya ves que no me canso de hablar y hablar. Pero sólo un ratito, que no quiero llegar muy tarde a casa, y tú tampoco debes tardar mucho, puede ser que tus padres estén preocupados por ti, como me pasaba a mí cuando ella se retrasaba.

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— Pues no debías venir a estas cosas sin avisarles, que nunca se sabe...

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— Ah, eso es distinto, ya sé que no todos los padres son como yo; pero no vayas a pensar que no
tengo problemas. Tengo otros hijos que tampoco entienden nada de lo que hago, y mi marido... El pobre dice que no tiene espíritu; no, no me pone impedimentos, pero en cuanto voy a hacer algo, repartir octavillas o hacer una pintada, ya no vive hasta que no vuelvo a casa Por esto tengo que irme pronto, así que vamos hasta la parada del autobús.

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—¡Claro que se les puede ir a ver! Pues no se ponen contentas ni nada cuando la gente va a verles a la cárcel; y más si es gente joven como tú, que a los viejos ya nos conocen. Pero me tendrías que dar tu nombre para que yo la avisase o escríbele tú misma. 0 mejor, mira, vamos a hacer otra cosa. ¿Por qué no te pasas mañana o pasado por el local de la Asociación de Familiares y hablamos de esto? ¿Mañana por la tarde? Así te cuento cómo fue mi visita. Apunta la dirección. Te espero. Hasta mañana...

«Vaya, vaya, cincuentona. Te juntas con la juventud y ya te piensas que los años han dado marcha atrás. Pero... ¡Qué bien se siente una! ¡Qué agradable era esa muchacha! Reconoce de todas formas que te ha tenido que aguantar un rato, eso para que luego digan que los jóvenes siempre van a lo suyo, aunque... tú también lo dices de tus hijos. Bueno, para eso son ratos, ¿verdad?, es que ya eres vieja y el empuje de la juventud a veces... No, no hay veces que valgan, si no fuera por su empuje qué sería de nosotros, si no estuvieran ellos... ¡El autobús! Se te va a escapar Corre, que vas a llegar tarde a casa. ¡Ay madre! Corre, corre, que se marcha... ¡Eh, espere... Oiga... Espera...! Nada, siempre hacen lo mismo, a éstos no les importa que seas joven ni que seas vieja... Y mira que ha visto la carrera que me he dado. Ahora a esperar a otro, con todo lo que tengo que hacer. ¡Qué cansada estoy y cómo me están doliendo las piernas! Seguro que alguna de las varices te va a jugar una mala pasada ¡y con todo el trabajo que te espera en casa! Todavía tienes que hacer la comida para llevarle mañana a tu hija, un montón de trajes para entregar y... Si por lo menos hubiera aquí una cabina para llamar y decirles que
estén tranquilos, pero cualquiera se arriesga a perder otro autobús. En fin, te tendrás que acostar tarde también esta noche, total, tú tampoco necesitas dormir mucho. Ya verás mañana cuando le digas lo que le has metido en el paquete. Seguro que te contesta que por qué te has gastado tanto dinero en la comida, pero se le pondrán los ojos alegres, ¡como si no la conociera! Nunca puede disimular cuando le llevas algo que le gusta. Además, que te regañe, te da lo mismo, a ella le falta lo que tú tienes,
el aire libre... Y cuando le cuente lo de la muchacha de hoy... a ver si poco a poco ellos van cogiendo las cosas en sus manos, que nosotros ya no estamos para muchos trotes... Menos mal, ya viene el cacharro ese con cuatro ruedas. A ver cómo subes ahora con esta pierna, atleta. Mañana, cuando vayas a visitarla, tienes que procurar que no se te note que cojeas, porque si no se preocupará pensando que es de un pelotazo de goma y que no se lo quieres decir. ¡Ya sabes cómo es tu hija...!»


Relato extraído de: "Dentro y Fuera: Resistencia"

¡¡LUCHEMOS POR LA 
AMNISTÍA!!



viernes, 6 de marzo de 2015

RECUPEREMOS EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA

Con el Día Internacional de la Mujer ha ocurrido lo mismo que con otras fechas significativas del movimiento obrero, el capitalismo se ha apropiado de ellas, no sin antes vaciarlas de contenido y de cualquier objetivo socialista.

En el caso del 8 de marzo, se han falsificados sus orígenes, se ha eliminado su carácter de clase y de ser un día de lucha y reivindicación de las trabajadoras de todo el mundo inscrito en la lucha por el socialismo se ha convertido en un día festivo donde las consignas giran en torno a la lucha entre los sexos y no entre las clases. Pues bien, como comunistas debemos recuperar la memoria de un pasado de lucha de las mujeres trabajadoras enterrado y falsificado por la burguesía.


La leyenda


Vayamos primero a los orígenes. Todos los años cuando llega la fecha del 8 de marzo nos cuentan la misma historia sobre su origen, que se eligió este día “… en conmemoración del día 8 de marzo de 1908 en que las trabajadoras de la fábrica textil llamada Cotton declararon una huelga en protesta por las condiciones insoportables de trabajo. El dueño entonces cerró las puertas y prendió fuego muriendo abrasadas las 129 trabajadoras que había dentro” (1)

Pues bien, no hay pruebas documentales de que estos hechos existieran tal como se presentan. La verdadera historia es  que fueron cogiendo acontecimientos reales de aquí y de allá, cambiaron fechas y los fueron amañando para presentar unos orígenes a la medida de los intereses de  la burguesía. Esta versión aparece en torno a 1955, y el objetivo parece claro,  eliminar el carácter comunista que tenía el Día Internacional de la Mujer  Trabajadora. 

No es extraño que la aparición de esta leyenda se produzca en la década de los años 50. Las vicisitudes que ha sufrido el Día Internacional de la Mujer Trabajadora están ligadas a las sufridas por el movimiento comunista. Será en esta década cuando se produzca la traición revisionista que supuso un abandono de los principios  y objetivos revolucionarios de la mayoría de los Partidos Comunistas oficiales para pasarse con armas y bagajes a colaborar con el capitalismo y por este motivo, se reescribió la historia de muchos acontecimientos relevantes de la clase obrera para acomodarla a los nuevos tiempos. Así que el terreno estaba abonado para que  el movimiento feminista de los años 60 se apropiara de esta fecha y borrara el término trabajadora para convertirla en el Día de la Mujer, posteriormente se daría un nuevo paso hasta hacerla irreconocible: en 1975, la ONU declara el 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer y de la Paz, y los gobiernos de la mayor parte de los países capitalistas organizan actos oficiales en este fecha.  Así es como ha enterrado un pasado combativo de las mujeres trabajadoras y se ha falsificado uno nuevo que pueda ser asumido por todas las mujeres sin distinción de clase.


Los hechos históricos en los que se basa la leyenda 


Antes de pasar a los verdaderos orígenes, es necesario comentar los hechos históricos sobre los que se creó este mito, porque tuvieron una gran repercusión para el movimiento obrero y sirven para ver y comprender como fueron manipulados.

Respecto al año 1908 no hay ningún dato que recoja un incendio en esas fechas. Sí hubo un incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist Company de Nueva York, pero se produjo el 25 de marzo de 1911. Este suceso tuvo una gran repercusión en el movimiento obrero, no solo porque ocasionó la muerte de 148 trabajadores, de los cuales 129 eran mujeres, la mayoría emigrantes procedentes de Italia y Europa Central y con edades comprendidas entre los 16 y los 24.
El hecho adquirió  mayor relevancia porque, en el año 1909, las trabajadoras de esta fábrica habían protagonizado la primera huelga llevada exclusivamente por mujeres, cuyas demandas se resumían en un aumento de los salarios, mejoras en las condiciones laborales, la abolición del sistema de subcontratación y de las multas, la jornada laboral de 52 horas semanales, una igual carga de trabajo durante todo el año, la limitación de las horas extras y el reconocimiento de los derechos sindicales.
La huelga comenzó el 27 de septiembre de 1909 y se prolongó hasta  el 15 de febrero de 1910. A las obreras de la Triangle se unieron otras fábricas no sólo de Nueva York sino también de las principales ciudades de EE.UU.; se calcula que sería unas 40.000 las obreras en huelga, lo que paralizó  por completo la industria textil norteamericana. Cuando finalizó la huelga,  la mayoría de los empresarios negociaron con sus trabajadoras parte de las reivindicaciones, solo 13 no lo hicieron, entre ellos los de la fábrica Triangle. Si hubieran aceptado las demandas de las trabajadoras, el incendio no habría tenido lugar o al menos no habría tenido las consecuencias catastróficas que tuvo ya que una de las reivindicaciones que venían exigiendo era que las puertas permanecieran abiertas y no cerradas como era habitual para mejor control de los trabajadores. Las protestas por estos  sucesos movilizaron a miles de trabajadores y tuvieron una gran repercusión en el movimiento obrero, pero como se puede comprobar ni ocurrieron un 8 de marzo, ni en 1908. El incendio tuvo lugar un año después de celebrada la II Conferencia de Mujeres Socialistas en 1910, donde se toma el acuerdo de celebrar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y seis días después de que en Europa se realizara la primera celebración.

Los antecedentes 


Mientras que los orígenes del 8 de Marzo son mucho más complejos que atribuir a esta fecha un acontecimiento concreto, su base ideológica hay que buscarla en el movimiento socialista de finales del siglo XIX. 
Tanto a nivel teórico como organizativo fueron los socialistas los que dedicaron más esfuerzos teóricos y prácticos por el objetivo de la emancipación de la mujer.
Marx y Engels tratan el tema de la mujer trabajadora, su papel en la producción industrial, haciendo un análisis científico del origen de la opresión y discriminación de la mujer. Obras como la situación de la clase obrera en Inglaterra o El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado de Engels y El Capital de Marx, analizan la opresión de la mujer, ligando su emancipación a la de la clase obrera. En 1879, aparece el primer libro dedicado a tratar la cuestión femenina: La mujer y el socialismo. Su autor, August Bebel, era un destacado dirigente del movimiento socialista alemán. Esa obra tendrá una gran repercusión.

Esta labor teórica del movimiento comunista se verá acompañada de una labor organizativa. Serán los partidos socialistas los primeros que incluyan en sus programas las reivindicaciones del derecho al voto de las mujeres y los relativos a su  igualdad. 

Este proceso se produce en el contexto del desarrollo capitalista que empujaba a miles de mujeres a incorporarse al trabajo productivo, espoleadas por la miseria en que vivían sus familias, lo cual acarreará importantes cambios en su situación. Pasaron de permanecer aisladas en el hogar y de dedicarse a las tareas domésticas y al cuidado de los hijos, al trabajo fuera del hogar en la producción industrial. Aparece así una gran contradicción: por un lado su papel en la producción como un trabajador más, con una relativa independencia económica y, por otro, la falta de derechos políticos, la desigualdad en la familia y ante la ley, a lo que se sumaba la explotación bestial a que eran sometidas.

No es extraño pues que en la primera década del siglo XX se desarrollara un potente movimiento obrero y, a la par, un potente movimiento de mujeres socialistas. En Alemania el Partido Socialdemócrata contaba en 1914 con  175.000 afiliadas, lo que representaba el 16’1% de la militancia; entre ellas cabe destacar la figura de Clara Zetkin.
En 1907 se celebró la I Conferencia de Mujeres Socialistas en Stuttgart. Dos fueron los puntos principales sobre los que giraron las discusiones.

Lanzar la campaña por el derecho al sufragio de las mujeres.
Establecer unas relaciones permanentes entre las organizaciones de mujeres socialistas de todo el mundo.

Dos años más tarde, en 1909, las socialistas norteamericanas toman la iniciativa de celebrar el Woman’s Day el último domingo de febrero, con el propósito de unir fuerzas, propagar la lucha por el derecho al voto y las ideas socialistas entre las mujeres. Esta iniciativa será la precursora de la celebración internacional de un día dedicado a la mujer trabajadora.

Aunque tanto el movimiento feminista burgués como el movimiento de mujeres socialistas defendían la misma reivindicación, el derecho de las mujeres al voto, los objetivos eran completamente diferentes, lo que provocará desde el primer momento una línea divisoria entre los dos movimientos. Mientras el movimiento feminista consideraba esta reivindicación como un fin, a través del cual podían impulsar las reformas necesarias para lograr la igualdad en todos los terrenos con los hombres de su clase, pero sin cuestionar el sistema capitalista, para las mujeres socialistas la reivindicación del sufragio empieza a tomar un papel importante solo desde el momento en que la táctica del proletariado  consistía en utilizar las instituciones burguesas contra las instituciones mismas. Se consideraba el voto solo como un medio para participar en la vida política, facilitando el trabajo de propaganda, concienciación y organización para la revolución socialista, su consecución no eliminaría la causa de su opresión que radicaba en la propiedad privada de los medios de producción. Así elaboraron un programa que recogía los siguientes puntos:

  • La lucha contra la explotación capitalista, la igualdad de salarios
  • La eliminación de la explotación de los niños y de la prostitución
  • La reducción de la jornada laboral, el reconocimiento del derecho al voto de todas las mujeres 
  • Acceso a un sistema educativo basado en la coeducación,
  • Una reforma legal que facilitase la obtención del divorcio
  • El reconocimiento del derecho de la mujeres a limitar el tamaño de su familia
  • La socialización de las tareas domésticas con la creación de servicios como comedores, guarderías, lavanderías, etc. 
La mayor parte de estas reivindicaciones no iban ser alcanzadas con reformas dentro del sistema. Por este motivo las socialistas no llevaron esta lucha por el sufragio en alianza con el movimiento feminista burgués, sino con los partidos socialistas y vieron que la verdadera liberación de la mujer está unida a la lucha por el socialismo. 


Los orígenes del Día Internacional de la Mujer Trabajadora


En agosto de 1910 se celebró la II Conferencia de mujeres socialistas en Copenhague. Los puntos
a tratar se centraron en el trabajo en torno al sufragio femenino universal, la protección social a las madres e hijos, la jornada laboral de 8 horas, la prohibición  de utilizar fuerza de trabajo femenina en trabajos insalubres, dieciséis semanas de baja por maternidad y la aprobación de un seguro obligatorio por maternidad.
Esta Conferencia también tomaría medidas para asegurar unas relaciones regulares entre las mujeres de todos los países. En  lo relativo a la celebración del Día de la Mujer Trabajadora, Clara Zetkin, en representación de las delegadas socialistas alemanas, presentó la siguiente moción:
De acuerdo con las organizaciones políticas y sindicales del proletariado, las mujeres socialistas de todos las nacionalidades organizarán en sus respectivos países un día de las mujeres especial, cuyo principal objetivo será promover el derecho al voto de las mujeres. Será necesario debatir esta proposición con relación a la cuestión de la mujer desde la perspectiva socialista. Esta celebración deberá revestir un carácter internacional y será necesario prepararla con mucho esmero”. (2)

Como se puede comprobar, Clara Zetkin no propone ninguna fecha ni habla de ningún acontecimiento concreto. En un artículo que escribió unos días después de celebrada la Conferencia, hace referencia a que la idea parte del ejemplo de las socialistas americanas, que venían celebrando desde hacía dos años en las principales ciudades de Estados Unidos el Womans’s Day.
Por su parte, Alexandra Kollontai, delegada rusa, reflexionaba sobre los objetivos del Día Internacional de las Mujeres, dejando claro su carácter socialista desde sus inicios:
Ese día iba a ser un día de solidaridad internacional en la lucha por los objetivos comunes y un día para revisar la fuerza organizada de las mujeres obreras bajo la bandera del socialismo”. (3)
La primera celebración tiene lugar en 1911, pero no se concreta un día. Las fechas elegidas dependían del país. En Alemania, Dinamarca, Suecia y Austria y otros países europeos se eligió el día 19 de marzo.

Una muestra del cariz que tenía esta fecha en sus orígenes es la manifestación de las mujeres trabajadoras realizada en Viena ese primer año. Marcharon en torno al Reichstag portando banderas rojas y recordando a las luchadoras de la Comuna de París que habían sido masacradas.
Ante el éxito de las movilizaciones, en 1914, las socialistas alemanas fijan por primera vez el día 8 de Marzo para unificar las diferentes movilizaciones a nivel internacional pero en este año comienza la I Guerra Mundial y estas movilizaciones quedarían relegadas.

Para las mujeres socialistas la posición que toma la socialdemocracia de apoyo a la guerra imperialista va a tener importantes repercusiones. Muchas de ellas abandonan estos partidos y crean organizaciones para luchar contra la guerra imperialista, la vuelta de sus maridos e hijos del frente y contra el hambre y la carestía; otras participarán activamente en la formación de los partidos comunistas, como Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin. 

Sin embargo serán las trabajadoras rusas las que recojan esta bandera. Desde tiempo atrás, el partido bolchevique venía desarrollando una importante labor de concienciación y organización entre las mujeres. Siguiendo los puntos aprobados en la II Conferencia de Mujeres Socialistas, empiezan a celebrar este día en 1913. La fecha elegida fue el 17 de febrero (2 de marzo del calendario occidental) bajo la denominación de Día Internacional de las Trabajadoras. Esta primera celebración realizada en las principales ciudades, se salda con la represión de los actos convocados y el arresto de varias militantes bolcheviques que son deportadas a Siberia. Ante el creciente movimiento de mujeres, comienza a publicarse una revista Rabotnitsa (Mujer Obrera), dedicada a la instrucción y movilización de las obreras y de las esposas de los obreros. El primer número se hizo coincidir con el 23 de febrero (8 de marzo) de 1914. Solo pudieron publicar los tres primeros números porque el grupo editorial fue arrestado en pleno.

El Día Internacional de la Mujer Trabajadora se siguió celebrando en años sucesivos y, una vez iniciada la I Guerra Mundial, las protestas se centraron en la lucha contra la guerra imperialista, la vuelta de los soldados del frente y contra la carestía de los alimentos de subsistencia. A causa de la guerra, miles de mujeres se habían incorporado al trabajo en las grandes fábricas, ocupando los puestos de trabajo que los hombres que estaban en el frente.

El día 8 de Marzo de 1917 (23 de febrero en el ruso), tiene lugar un estallido revolucionario que acabaría con el régimen zarista. Estos hechos comienzan cuando los obreros de la fábrica Putilov se la encuentran cerrada. Las mujeres de Petrogrado, cansadas de la escasez de alimentos y de los precios de los mismos, se echaron a la calle. Pronto se unieron las esposas, hijas y hermanas de los soldados que se encontraban en el frente; conforme recorrían las calles, se iban sumando las amas de casas que hacían cola para recoger su ración de pan, las obreras de los talleres y las factorías, hasta llegar al oeste de la ciudad donde se acantonaron sobre los puentes del Neva. Al día siguiente el número de mujeres llegó a alcanzar 190.000, que se manifestaron bajo la consigna de “pan para nuestros hijos que se están muriendo de hambre”.
El día 10 de marzo la huelga era ya general, el día 12 se constituye el Soviet de Petrogrado y dos días más tarde se creó el Gobierno Provisional y el día 17, con el ejército del  lado de los revolucionarios, el zar Nicolás II dimitió y Rusia se convirtió en República. Estos hechos son importantes porque desembocaran unos meses más tarde en la Revolución de Octubre y porque son protagonizados en sus inicios principalmente por mujeres, lo que parece indicar que fueron esos acontecimientos los que hicieron que el Día Internacional de la Mujer Trabajadora se celebrara el día 8 de Marzo.

Tan solo unos meses más tarde tuvo lugar la revolución de Octubre, que tendrá una importancia decisiva en la situación de las mujeres. Alexandra Kollontai es nombrada Ministra de Bienestar Social. Durante los tres primeros años, se impulsó la incorporación de la mujer al trabajo, se aprobó el derecho a recibir igual salario por igual trabajo, la baja maternal pagada, se prohibió a las mujeres desarrollar trabajos pesados, los nocturnos y horas extras. Se legalizó el aborto en 1920, se declaró ilegal la prostitución, se decretaron leyes y reformas que aseguraban la igualdad de los sexos en todos los aspectos. Dentro del matrimonio las mujeres pasaron a gozar del mismo status que sus maridos, incluyendo el derecho a conservar sus apellidos, a solicitar el divorcio, a poseer pasaporte y fijar su residencia. A partir de este momento las mujeres tuvieron acceso a todos los niveles de enseñanza. Se crearon servicios de lavandería, guardería y comedores que redujeran el trabajo doméstico y se impulsó la participación de las mujeres en la vida social y política.
En tres años de Revolución las mujeres consiguieron las reivindicaciones esenciales que les permitirán seguir avanzando en su emancipación.

No es extraño que en la II Conferencia de Mujeres Comunista, celebrada en 1921, se aprobara, a instancia de las delegadas búlgaras, la propuesta de celebrar de manera oficial el Día Internacional de la Mujer Trabajadora el 8 de Marzo, en recuerdo del 8 de Marzo de 1917 y de las trabajadoras de Petrogrado. Alexandra Kollontai escribiría
El Día de las Mujeres de 1917 se ha convertido en memorable para la historia. En ese día las mujeres encendieron la antorcha de la revolución proletaria e incendiaron todo el mundo. La revolución de febrero se inició ese día”. (4)
Otras resoluciones aprobadas en esa Conferencia estaban relacionadas con los métodos que las  mujeres debían adoptar en su lucha por el socialismo. Los objetivos principales eran la movilización y la propaganda entre las obreras, campesinas y amas de casa tanto en la URSS como en los países capitalistas. Alexandra Kollontai señalaba los cambios en cuando a objetivos, a raíz del triunfo de la Revolución de Octubre y de la III Internacional:
Si la función del Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras era primero, ante la supremacía de los parlamentos burgueses, luchar por el derecho de las mujeres al voto, la clase trabajadora ahora tiene una nueva tarea al organizar a las mujeres trabajadoras alrededor de los eslóganes combativos de la III Internacional. En vez de demandar la participación en el trabajo de los parlamentos burgueses, oíd la llamada procedente de Rusia: ¡Mujeres trabajadoras de todos los países, organizad un frente unido en la lucha contra aquéllos que están saqueando el mundo! ¡Abajo con el parlamentarismo burgués! ¡Demos la bienvenida al poder soviético! ¡Fuera con las desigualdades sufridas por los trabajadores y trabajadoras! Luchemos con los trabajadores por el triunfo del comunismo en el mundo”. (5)

En años posteriores, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora se siguió celebrando en la URSS y en otros muchos países, manteniendo el espíritu combativo y reivindicativo que tuvo en sus orígenes, hasta que en los años 60, como hemos señalado, la historia se reescribió.


Ha pasado más de un siglo desde que se celebrara la Conferencia de Copenhague, donde se tomó el
acuerdo de celebrar un Día Internacional de la Mujer. En todos los países las mujeres tenemos el derecho al voto y en la mayoría de los países capitalistas se ha alcanzado la igualdad jurídica pero seguimos siendo doblemente explotadas y oprimidas. Muchas de las reivindicaciones planteadas por las mujeres socialistas en 1910 siguen pendientes entre otras cosas porque la opresión de la mujer no reside simplemente en un problema de falta de derechos, sino que su origen está ligado a la propiedad privada y solo cuando ésta sea eliminada podremos empezar a hablar de emancipación de la mujer. 

Como comunistas debemos recuperar la memoria del 8 de Marzo como el Día de la Mujer Trabajadora, debemos recuperar sus orígenes y el espíritu combativo y reivindicativo que tuvo en sus orígenes. Las comunistas en este día no tenemos nada que festejar y si una revolución que hacer y un largo camino por recorrer. 

Isabel Santamaría Aparicio

(1) Victoria Sau, Diccionario Ideológico Feminista (1981)
(2) Clara Zetkin: La cuestión femenina y la lucha contra el  reformismo
(3) Alexandra Kollontai: El Día Internacional de la Mujer (1921)
(4) Ibidem
(5) Ibidem

Bibliografía
Ana Isabel Álvarez González: Los orígenes y la celebración del Día Internacional de la Mujer, 1910-1946
Clara Zetkin: La cuestión femenina y la lucha contra el reformismo
Alexandra Kollontai: La mujer en el desarrollo social 
Alexandra Kollontai: Autobiografía de una mujer emancipada
August Bebel: “La mujer y el socialismo”.
V.I.Lenin: La emancipación de la mujer
Carmen Jiménez Castro: “La Mujer en el camino de su emancipación”
F. Engels: El origen de la familia, la propiedad privada y Estado 
Ana María Portugal: Historia del 8 de marzo. Día Internacional  de la Mujer




Isabel Aparicio Sanchez (Biografía:
http://www.presos.org.es/PRESOS/biografiaspp.php?nb=Isabel+Aparicio+S%C3%A1nchez&tem=biografia), comunista exterminada el 1 de abril del año pasado a manos del Estado Español.


Isabel Santamaría del Pino (Biografía: http://www.presos.org.es/ARCHIVOS/caidos.php?idc=0018), comunista caída en lucha el 7 de abril de 1993.

Pronto se acerca los aniversarios de sus muertes, por lo que, esos días, debemos aprovecharlos para hacer todo el ruido posible. Denunciando el asesinato de Aparicio, rememorando el ejemplo de estas dos grandes mujeres trabajadoras y sobretodo, para seguir exigiendo la libertad inmediata de los demás presxs politicxs enfermxs condenados a morir en prisión.. ¡NO PERMITAMOS QUE LXS MATEN! ¡EL MEJOR HOMENAJE, SEGUIR CON LA LUCHA! ¡COMBATIENTES ANTIFASCISTAS SIEMPRE EN NUESTRA MEMORIA!


martes, 27 de enero de 2015

Reclusas forzadas al sexo con funcionarios en la cárcel de Brieva (Ávila)

El diálogo lo inicia el funcionario de la cárcel de Brieva (Ávila) y es, según la reclusa, aproximadamente así:

- ¿Qué te parece si hacemos un día de estos un trío tu novia, tú y yo?

- ¿Cómo? No entiendo.

- Sí, mujer, el otro día ella y yo echamos un polvo, uno rapidito.

De aquella situación -la bronca posterior de la presa con su novia, que le admite haber tenido sexo no consentido con el funcionario, y otras denuncias- emerge un proceso, iniciado por Instituciones Penitenciarias, que desemboca este viernes en el juzgado de Instrucción 2 de Ávila, donde cuatro funcionarios declararán como imputados por abusos sexuales a siete reclusas.

Una suerte de psicodrama carcelario que incluye, según una de las denunciantes citada por fuentes del penal, noches de celdas abiertas, sexo, alcohol y hachís proporcionado por trabajadores del centro, un director que se opone a enterrar los presuntos abusos y hasta una presa celestina que casa a reclusas y funcionarios y que, siempre según fuentes del propio centro, habría declarado a la inspección que Brieva es «un folladero» de condenadas y trabajadores.

La historia comienza el 7 de noviembre de 2013, cuando una presa denuncia a uno de los cuatro funcionarios por forzarla sexualmente. El caso llega a Instrucción 2 de Ávila, pero la mujer se retracta y retira la denuncia. El 30 de enero de 2014, nueva denuncia contra el mismo funcionario. Una presa brasileña denuncia que el hombre le ha propuesto un trío tras haber abusado de su novia.

La dirección investiga y surgen nuevas denuncias, casi todas de extranjeras. La primera brasileña denuncia también haber sido forzada por otro trabajador, otra chica admite sexo a cambio de chocolatinas con otro (luego denuncia haber sido forzada), y uno más lleva a las chicas, dicen ellas, alcohol y hachís.


Regalos y coacciones

Éste último, según un testimonio recogido por la inspección de Instituciones Penitenciarias, le da a una chica 80 euros a cambio de sexo (ella acepta pero el acceso carnal no llega a tener lugar), y le ofrece incluso su casa en Salamanca cuando salga de permiso. La mujer que hace de celestina, que asegura no haber tenido sexo con ninguno de los cuatro funcionarios por ser lesbiana, afirma que uno de los imputados oscila entre hacer regalos a las chicas (perfumes, hachís, tarjetas para teléfonos), y rozarse y sobar circunstancialmente a las mujeres. El teléfono móvil está prohibido en las cárceles, pero es vox populi que muchos reclusos los tienen, y los introducen en los centros a veces por vía rectal.

Cada uno de los imputados utiliza con sus presuntas víctimas, según fuentes del penal, un estilo diferente: mientras que uno es autoritario y otro puede ser amistoso, las denuncias contra un tercero refieren buen número de relaciones forzadas, y complica su situación el hecho de que su mujer es también funcionaria de prisiones.

Emerge en las primeras declaraciones de las mujeres la participación en los abusos de un cuarto funcionario, y también la confusión de algunas de las denunciantes, que explican que en alguna ocasión «las presas se aprovechan de los funcionarios»: la ambigüedad de las relaciones de poder en una cárcel de mujeres se pone de manifiesto («para ellas tener un trabajo en prisión lo cambia todo»), y no faltan casos en que un funcionario es perseguido para tener sexo por una reclusa.

Al igual que sucede en los penales masculinos, mujeres en principio heterosexuales entablan habitualmente relaciones homosexuales con compañeras con total normalidad, mientras siguen recibiendo la visita de su marido y sus hijos, con quienes regresan también al cumplir condena.

Los presuntos abusos de Brieva son muy variopintos. A una presa uno de los imputados le instala un televisor en la celda. «¿Y qué me vas a dar a cambio?», le suelta él, que le estampa un beso en la boca. La mujer no denuncia, pero lo declara más tarde a la Inspección. La propia celestina admite en su declaración ante Instituciones Penitenciarias que su novia mantuvo una relación con el encargado de mantenimiento, omnipresente en cada rincón del centro.

El viernes, en Ávila, declaran los cuatro funcionarios imputados.

Si vuelves a tu país, no denuncias

C. es una de las presuntas víctimas de abusos sexuales en la cárcel de Brieva, pero podría dejar de serlo en breve. El motivo: C. es brasileña y ya ha cumplido la mitad de su condena, por lo que podría cumplir el resto en Brasil gracias al convenio entre España y ese país. Sin embargo, la Fiscalía española, que en un principio accedió a que dejara un testimonio grabado y pudiera irse, ha solicitado finalmente que no disfrute de esa situación y se quede en España para participar en el juicio, según un documento despachado por el fiscal del caso el 19 de diciembre pasado. Es decir, se le castiga por ser víctima de unos presuntos abusos. O eso o, en el peor de los casos, se le empuja a retirar la denuncia para poder irse a cumplir condena a su país, estiman fuentes penitenciarias. El juez decide esta semana.


Fuente: elmundo.es

martes, 20 de enero de 2015

El Franquismo experimentó con 50 reclusas de Málaga en busca del "gen rojo"

En mayo de 1939 el afamado psiquiatra franquista Antonio Vallejo Nájera se trasladaría hasta la prisión provincial de Málaga para someter a un importante experimento racial a 50 presas republicanas, elegidas de entre todo el grupo de edades. Sus investigaciones en la cárcel le permitieron degradar hasta sus últimas consecuencias la figura de aquella mujer republicana, que tachaba en sus estudios como un “ser degenerado, lleno de ferocidad y de rasgos criminales”. Publicaría años más tarde en la Revista Española de Medicina y Cirugía el prestigioso artículo recordando la temible influencia del “gen rojo” y la necesidad de extirparlo de entre los vencidos, según informa María Serrano en andalucesdiario.es.

Nada se conoce de la identidad de aquellas mujeres que estuvieron expuestas durante largos días a los humillantes test psicológicos a que fueron sometidas. Con papel y pluma, el psiquiatra redactaría en un amplio informe caracterizando a sus víctimas. Aquellas “mujeres marxistas” eran cincuenta: 33 condenadas a muerte, 10 a reclusión perpetua y las 7 restantes tenían penas de entre 10 y 15 años. Ningún archivo pone nombres y apellidos a estas presas malagueñas, aunque se conoce como el temido psiquiatra las consideraba peligrosas por diferentes niveles de grupos, considerando “las más degeneradas” a las que eran marxistas y catalanas.

La crudeza de sus documentos despierta escalofríos al relatar la terrible humillación a la que fueron sometidas estas republicanas. Entre las conclusiones Nájera apuntaría que “la mujer roja y la mujer en general tenía rasgos físicos de extraordinaria inferioridad con respecto al hombre”. Además señala como otro de los puntos más importantes que “el marxismo y la revolución unidos a la mujer debían ser tratados médicamente, no políticamente”. Para este médico era una cuestión de absoluta obviedad pensar que eran “débiles mentales y analfabetas”.

El temido gen rojo


“Este psiquiatra creía que existía el gen rojo, creía que las mujeres tenían un virus que era necesario extirpar y que ser de izquierdas tenía una inconfundible relación con la perversión humana”, apunta Esperanza Bosch, autora del estudio La psicología de las mujeres republicanas según el Dr. Antonio Vallejo Nájera. Ante esta creencia y el éxito absoluto de las teorías de Nájera en la posguerra, las mujeres republicanas comenzaron a sufrir la verdadera degeneración por parte de la dictadura franquista. Bosch apunta que “a estas mujeres les quitaron a sus hijos para destruir sus mentes y anular sus voluntades”. Tampoco se sabe a ciencia cierta si los niños de aquellas mujeres sobrevivieron en medio de los experimentos, siendo finalmente exterminados para eliminar cualquier posibilidad de “intoxicación” de aquel gen.

Tal y como se ocurrió en la Alemania nazi posterior, el franquismo presentó estudios a través de personalidades reconocidas de la época, como el de este psiquiatra, que crearon un patrón de exterminio que justificaría las políticas contra la llamada ‘Anti- España’, llena de “masones, comunistas, librepensadores anarquistas y republicanos”.

Además Nájera, nombrado jefe de los servicios psiquiátricos de Franco, se encontraba fuertemente influenciado por las doctrinas alemanas de higiene racial que luego se llevarían hasta sus extremos más pavorosos en los campos de exterminio de la Segunda Guerra Mundial. Aquellas cincuenta presas fueron el primer material de estudio.



Fuente: http://lamanchaobrera.es/

jueves, 8 de enero de 2015

La dulce y femenina DEPENDENCIA

Si un extraterrestre, en este caso una extraterrestre, pusiera sus pies en nuestro país y diera un somero repaso a la prensa y demás medios de incomunicación de los últimos años, legaría rápidamente a una conclusión: la reforma del régimen ha dado sus frutos, al menos en lo tocante a solucionar los problemas específicos de la mujer, ya que éstos no aparecen por ningún lado.

Los belicosos grupos feministas de los primeros años de la <<transición>> se han reciclado con una rapidez pasmosa: una vez que el régimen reformo ciertos artículos, completamente obsoletos, de Código Civil y Penal, que levantó las trabas para el acceso de la mujer a todas las profesionales (¡lo bien que le sienta el uniforme a las picoletas!) y que, acuciado por la necesidad de integrarse en la moderna Europa, generalizó la planificación familiar, poco les quedaba por reivindicar a las aguerridas feministas burguesas. Una de sus últimas aspiraciones, el <<derecho>> a hacer el servicio militar y  a entrar en el Ejército, emulando a sus colegas sionistas y yankis, fue sepultada por la avalancha de jóvenes objetores e insumisos. La famosa cota del 25% en los partidos institucionales y en la vida pública les dio el puntillazo final: las más destacadas entre ellas han acabado disfrutando de una poltrona en el parlamentaria, ministerial, etc. Y si por casualidad oímos ahora hablar a las feministas, suele ser con ocasión de alguna manifestación por los derechos de los homosexuales o, bien, otorgándose una representación que nadie les ha dado, para exigir, en foros internacionales organizados por las agencias imperialistas, la esterilización de las mujeres del Tercer Mundo.

¿Quiere decir esto que todas las mujeres que participaron en aquellos años en el movimiento feminista se han integrado en el régimen o se dedican a echarle una mano al capitalismo financiero? Ni mucho menos. La mayoría de ellas ha pasado a engrosar las filas de esta multitud de desencantados, de gente que tenía una cierta esperanza de que se produjera un cambio real y que ahora se ha sumido en la impotencia y en el silencio. Pero siguen ahí y la experiencia de ese período no va a resultar en balde, pues al menos ha quedado bien claro hasta dónde puede llegar la burguesía con sus <<reformas>>.

En lo que respecta a nosotros, si la extraterrestre de marras echara una ojeada a  nuestra prensa, a la del Partido, su impresión no sería diferente, pues raro es el número de RESISTENCIA que en esta última etapa ha dedicado un artículo a la cuestión femenina. Parece como si a <<la mitad del cielo>> se la hubiera tragado la tierra. ¿Quien es el responsable de esa dejadez más que nosotras, las militantes comunistas?¿Acaso no hemos olvidado no ya de la lucha por nuestra emancipación, sino de las espantosas condiciones de vida y de trabajo que soportan la mayor parte de las mujeres de nuestro país? Y si no las hemos olvidado, porque las vivimos y palpamos a diario, entonces ¿a qué estamos esperando?¿a que nos digan, nos aconsejen, nos ayuden?¿quien tiene que empujarnos?¿Los hombres?¿No va siendo hora de acabar con esa dependencia de la que tanto nos lamentamos, pero en la que nos sentimos tan cómodas?

Hablamos muy a menudo de la dependencia económica como causa fundamental de la degradante situación que se encuentra la mujer en España. Lo cual es cierto. Sin embargo, el problema de la dependencia es mucho más complejo y no se puede circunscribir únicamente a la cuestión económica. Reparemos en el caso más extremo. Según estimaciones oficiales, unas 200.000 mujeres sufren malos tratos en nuestro país (en 1993 hubo 40 víctimas mortales a causa de las palizas que les propinaron sus parejas). La mayoría de esas mujeres son dependientes económicamente, lo que explica, en principio, que no puedan abandonar el domicilio conyugal. Pero resulta que también hay un buen número de ellas -en una proporción que más o menos coincide con el 30% de mujeres que participaron en la producción social- que sí son dependientes económicamente. ¿Qué es lo que las mantiene en condiciones de tan escandalosa subordinación?¿No será que además de la dependencia económica existe otro tipo de dependencia, mucho más sutil, mucho más arraigada, puesto que forma parte de lo que se ha dado en llamar la identidad feminidad?

La dependencia es uno de los rasgos característicos de la infancia, propio de la situación de indefensión y desamparo en que se encuentran los niños desde que nacen hasta la adolescencia. Sin embargo, mientras al niño, ya desde su más tierna edad, se le educa para que en su día sea capaz de desenvolverse por si mismo en la vida, de enfrentarse y resolver los problemas que esta plantea, a la niña, independientemente de que reciba una formación profesional como futura trabajadora, se le inculca una serie de valores que la va atrofiando psicológicamente: la pasividad, la sumisión, la subordinación, <<virtudes>> imprescindibles para cumplir con el papel que, supuestamente, le ha asignado la naturaleza. Ese papel, que la psicóloga Emilce Dio Bleichmar define así: << una mujer se mide por su capacidad de creación (maternidad), de desarrollo (crianza, amor) y mantenimiento (pareja, familia)>>, la convierte en un ser completamente dependiente de las relaciones afectivas. Estas no son para ella una parte más de las relaciones humanas, la parte que corresponde a la necesidad que toda persona tiene de ser comprendida, reconocida, amada, etc, sino que conforman la causa de todos sus afanes; el otro o los otros (la pareja o los hijos) se erigen en el eje y en el proyecto de su vida. No es de extrañar, pues, que muchas mujeres, al ver amenazadas sus relaciones, sean capaces de los  mayores desatinos con tal de conservarlas. Romper con esa dependencia, con eses <<pacto>> con la naturaleza, es un proceso muy doloroso, peor que una mutilación. Paradójicamente, el afán por conservar, al precio que sea, las relaciones amorosas o afectivas y por mantener el núcleo familiar, se convierte en su contrario, en fuente de continuos conflictos.

LA FAMILIA TRADICIONAL ES DEVORADA POR LA AVIDEZ CAPITALISTA


Sobre las obvias diferencias biológicas que existe entre el hombre y la mujer y,  fundamentalmente, sobre la base de la dependencia económica de esta, << se ha eregido, en el curso de la historia, una vasta superestructura cultural por la cual se fomenta el desarrollo en la mujer y en el hombre, no sólo de tipos físicos sino de rasgos de temperamento, carácter, inclinaciones, gustos y talentos que se suponen biologicamente inherentes a cada sexo. Se consideran como características sexuales secundarias, inamovibles, fatales y ahistóricas>>(1).

La ideología patriarcal, que ha enfrentado radicalmente a los dos sexos, tiene como fin garantizar una mano de obra semiesclava para la reposición privada de la fuerza de trabajo. Esta ideología justifica la deformación, la explotación y la opresión de la mujer a la vez que impide su toma de conciencia. Naturalmente, las castas reaccionarias tienen mucho interés en mantener esta situación  y procurar que la mujer siga siendo el elemento más reaccionario de la familia; para ello se han valido de la educación, del confesionario, de toda clase de literatura barata y oscurantista, de seriales radiofónicos y televisivos, todo con el objetivo de que a través de la figura de la madre se transmitiera la ideología reaccionaria. Además, desde que el proletariado hizo su aparición como clase, la esposa-madre, gracias a esa ideología y al atraso secular que arrastran las mujeres, se convirtió en el principal freno para la incorporación del resto de los miembros de la familia a la lucha social. Recordemos cuando, años atrás, en la época de Franco, el simple hecho de participar en una huelga por cuestiones laborales era castigado con el despido, la inclusión del huelguista en las listas negras e incluso la cárcel. En muchos hogares se vivían auténticos dramas a causa de ello. Sin embargo, la mujer no hacía otra cosa que desempeñar el papel que la sociedad le ha asignado: el de proteger la familia, y si para ello era necesario vivir mísera e indignamente, se vivía.

Más recientemente, con la aparición de la crisis, de las reconversiones salvajes y los despidos masivos, hemos asistido al fenómeno inverso. Miles y miles de mujeres se han organizado en plataformas, coordinadoras, etc. Allí donde la industria de todo un pueblo o de toda una comarca se veía amenazada por el cierre, las mujeres han estado en la primera fila de la lucha. Sería simplista pensar, como señaló alguna despechada feminista, que su participación en esas luchas no tenía otro sentido que el de <<apoyar>> a sus compañeros o hijos, pero tampoco podemos perder de vista que las razones que impulsaron a esas mujeres a lanzarse a la calle eran las mismas por las que antes se oponía a la lucha: por conservar el nivel de vida adquirido anteriormente ( y que viene dado por la situación laboral del marido) y por defender el porvenir y la estabilidad de toda la familia. La experiencia les ha enseñado que allí donde hace su aparición el paro, la familia estalla por todas partes. Otra cosa es que su participación en esas luchas haya tenido efectos muy positivos para ellas: por primera vez salían del estrecho marco del hogar, formaban parte de un colectivo, luchaban codo a codo  con otros miles de trabajadores y trabajadoras y, sobre todo, comprobaban en su propia carne quién era el causante de la mísera condición a la que se veían abocadas ellas y todas sus familias.

En épocas de crisis, mientras que millones de obreros y de obreras son expulsados de las fábricas, cunden por doquier trabajos marginales, se extiende la economía sumergida, aparecen los contratos temporales y a tiempo parcial, etc. Las mujeres son la principal fuerza de trabajo de esa nueva <<economía>> y sus míseros ingresos constituyen, a menudo, el único medio de subsistencia de toda la familia. Los papeles se invierten, creandose situaciones insostenibles. <<Estas condiciones que degradan a los dos sexos, y en ellos a la humanidad, son la última consecuencia de nuestra elogiada civilización... esa total inversión de la condición de los sexos solamente puede provenir de una causa: que los sexos, desde el principio, han sido puestos falsamente frente a frente>>(2). El capital ha colocado a la mujer en una situación desesperada pero, sobre todo, se ha jugado una mala pasada a si mismo. Los capitalista necesitan de la familia como base social, económica, de reproducción y reposición de la fuerza de trabajo, pero su voracidad les lleva a destruírla. El primer paso hacia su disolución se dio con la incorporación de la mujer a la producción; la crisis del sistema capitalista está haciendo el resto. En muchos países capitalistas desarrollados, buena parte de las <<familias>> son ya monoparentales, es decir, están compuestas únicamente por la mujer y los hijos; la tasa de natalidad es negativa...

La situación de los hogares en los que todavía no se han invertido los papeles porque el hombre ha logrado conservar su puesto de trabajo no es mucho mejor. La sobreexplotación sin límites, la ausencia de los derechos laborales más elementales, llegan a afectar al equilibrio psicológico del obrero, que acaba descargando su impotencia y su ira en la mujer y en los hijos. <<En el fondo son criaturas: pegan tres voces, se ponen flamencos, hinchan el pecho... sin que en realidad sepan ir a ninguna parte fuera de casa, porque en el trabajo bien que les hacen bajarse los pantalones un montón de veces>>, reconocía lucidamente una pobre mujer comentando el exasperado ambiente en su hogar. Tanto ella como el resto de las mujeres que viven y padecen en esas angustiosas condiciones saben que las broncas e incluso los palos que reciben, y que deberían ir dirigidos contra el patrón, son el precio a pagar por seguir manteniendo el ya frágil núcleo familiar. O eso o incitan a sus maridos e hijos y se incorporan ellas mismas a la lucha contra los capitalistas y su Estado. No hay otra salida.

DISPARAR SÍ, PERO NO EQUIVOCAR EL BLANCO


El camino de la lucha es, precisamente, el que hemos elegido nosotras, un camino largo y tortuoso, pues cuando la mujer rompe las cadenas que tradicionalmente la atan <<e inicia la lucha por su emancipación, inevitablemente tiene que superar muchos más obstáculos que el hombre>>(3). El hecho de habernos sacudido el yugo familiar, de haber <<roto>> el cordón umbilical con nuestros hijos, de habernos incorporado activamente la resistencia política y armada contra el Estado monopolista e imperialista y a la lucha por el socialismo supone un verdadero salto, pero aún quedan muchos pasos por andar.

Nos rebelamos a menudo contra la idea tradicional de que a causa de nuestro temperamento <<emocional, apasionado, irracional, visceral,etc.>> somos <<incapaces>> de afrontar ciertas responsabilidades, pero tendemos a aceptar un papel de segunda fila, a acomodarnos en él. Ya basta de esperar aunque lo hagamos inconscientemente, que nos autoricen, nos permitan, nos estimulen. No podemos seguir, sobre todo en nuestro caso, responsabilizando al hombre por lo que nos falta, lo que no nos otorga, lo que no nos da, lo que no nos deja. Eso no es dependencia económica, ni afectiva, es dependencia a secas. Los comunistas, a la vez que libramos un combate encarnizado contra el sistema capitalista, combatimos también las lacras y prejuicios que la burguesía ha logrado inculcar a los trabajadores y que, irremediablemente, tienen su reflejo en el Partido. A nosotras nos toca la doble tarea de sacudirnos la secular inseguridad y pasividad que nos acompaña y ese <<miedo patológico a la independencia>> que nos atenaza; además, debemos enfrentarnos a la incomprensión e incluso al sarcasmo de nuestros compañeros de lucha que también, como no, arrastran su buena dosis de prejuicios. ¿Cuántas veces, nos vemos tachadas de <<feministas burguesas>>? El simple calificativo de mujer <<independiente>> suele levantar ampollas. Lo cual, en cierto modo, es lógico, puesto que las mujeres de la burguesía, una vez alcanzada su <<liberación>> y su <<independencia>>, han logrado que la emancipación de la mujer se identifique con la famosa <<superwoman>>, la mujer que no depende de nada ni de nadie, ni siquiera necesita del varón para procrear. Este prototipo de mujer que compite en protagonismo televisivo con otros modelos más tradicionales y al que aspiran no pocas mujeres de la pequeña burguesía y por desgracia incluso de la aristocracia obrera, es justamente el modelo más acabado de las nuevas dependencias: sujeta a las modas que propaga la burguesía, adicta a la sociedad de consumo, esclava de su físico y de los institutos de belleza, su exacerbado individualismo le lleva a renunciar a la maternidad o, en todo caso, a parir un desgraciado <<muñeco>> con el que compensar sus frustraciones e histerias.

No, no es ese el tipo de independencia del que hablamos y al que aspiramos. Pero bien es cierto que caemos muy fácilmente en los tópicos al uso. Por ejemplo: hace ya algún tiempo se dedicó un número extraordinario de la desaparecida revista <<Área Crítica>> al tema de los malos tratos a la mujer. En su redacción colaboraron algunas militantes del Partido. Pues bien, en su conjunto, el monográfico era una pena, no sólo por el batiburrillo en el que se mezclaban desde  <<casos puntuales>> de malos tratos, abusos sexuales de patronos y capataces sobre sus empleadas y los diferentes tipos de tortura que sufren las mujeres revolucionarias que caen en manos de la policía política o de la guardia civil, sino porque, al finalizar su lectura, obligatoriamente se llegaba a una conclusión, a la misma que ya anunciaba el editorial que la encabeza: <<hay un feminismo revolucionario que quiere liberar a la mujer para que ningún hombre vuelva a tratarla mal... sin llevarse su merecido>>(4). La verdad, para semejante viaje no hacen falta tantas alforjas.

No nos equivoquemos de blanco. Hay que hacer un esfuerzo por sacudirse todas las <<virtudes>> que la reacción ha imbuido en la mujer a lo largo de los siglos; hay que combatir a la ideología patriarcal que propaga nuestra inferioridad; hay que desenmascarar la ideología burguesa que oculta las causas de la opresión y explotación que padecemos y mistifica el camino de nuestra emancipación.



(1) I. Larguía y J. Dumoulin: <<Hacia un concepción científica de la emancipación de la mujer>>
(2) F.Engels: <<La situación de la clase obrera en Inglaterra>>
(3) Carmen Jimenez Castro: << La mujer en el camino de su emancipación>> Editorial Contracanto
(4) AREA CRÍTICA nº 29, diciembre 1988

M.Queralt, "RESISTENCIA"